sábado, 9 de septiembre de 2017

¿Qué haremos cuando los separatistas comiencen a darnos el matarile?

Buenos dias
Este articulo de Enrique Navarro en Libertad Digital no tiene desperdicio 


porque aunque parezca que desafora la verdad de lo que esta sucediendo y lo que a va a suceder no debe dejar lugar a dudas
Nadie debe poder decir aquello que siempre dicen los cobardes para no enfrentarse a la realidad: Jamas pensé que esto podría suceder y que es una de las muletillas predilecta del Gobierno de Mariano Rajoy

¿Qué haremos cuando los separatistas comiencen a darnos el matarile?
Enrique Navarro
En las últimas veinticuatro horas he escuchado todo tipo de comentarios, análisis, asombros, inquietudes y miedos como si todo lo que estuviera pasando no hubiera sido milimétricamente diseñado y ejecutado después de ser publicitado. La violación del marco legal por la fuerza de los votos saltándose los procedimientos y a la minoría, sólo tiene una definición legal "rebelión". Tenemos muchos antecedentes de lo que ha pasado en el 'Parlament' estos días; desde el reciente asalto al poder de Maduro en Venezuela a otros ejemplos más antiguos, pero con los que guardan muchas similitudes. Si comparan lo visto en el parlamento catalán con lo acontecido en el Reichstat en los años treinta con la llegada al poder de los nazis y su forma de imponer, mediante la coacción y haciendo uso de la mayoría, sus leyes racistas y totalitarias, comenzarán a sentir un sudor frío, sobre todo, si no forman parte de las hordas nazis del nacionalismo catalán.

Como en todo en la vida de cualquier acontecimiento hay una versión optimista, una pesimista y la que al final se produce.

Los buenistas encabezados por los partidos constitucionalistas, confían ciegamente en la versión optimista, como también creían que no habría atentados del Estado islámico. Según esta versión, ampliamente compartida por la alianza del caganet; formada por los tres partidos constitucionalistas, una vez el Tribunal Constitucional suspenda las leyes, los secesionistas no sólo no van a seguir adelante, sino que aceptarán lo dictaminado y cesarán su deriva soberanista. Harán mucho ruido quejándose de que España no les ha dejado manifestarse libremente, etc., etc. Pero ese sería el fracaso más sonoro del nacionalismo y no se lo pueden permitir. Los optimistas, tienen incluso una visión todavía más happy, que pasa por la ruptura de la alianza independentista y la vuelta al redil de los elementos más constitucionalistas del PDeCAT.

Luego está la versión negativa. Habrá referéndum; yo estoy convencido de que no será uno completamente ordenado y legal, pero veremos urnas en las plazas, en las calles, en las iglesias –especialmente en estas últimas– y en las casas okupadas. Otra vez volveremos a ver a los de siempre haciendo la pantomima de que están votando. Y con un puñado de votos más falsos que Judas, el presidente de la república catalana proclamará la república catalana desde el balcón de Sant Jaume ante las mases enfervorecidas y entonces ya no habrá marcha atrás. No les hacen falta ni votos ni legitimidad para hacerlo.

Pero Mariano y los del caganet tienen un arma secreta, seguramente diseñada por la vicepresidenta con el apoyo de la inteligencia española que tan eficiente ha sido en prevenir y contrarrestar esta rebelión; ya casi podíamos enviarlos a casa. Han decidido que el golpe lo van a parar dos agentes de la Guardia Civil secuestrando las papeletas; no va a haber referéndum porque la Guardia Civil se va a quedar con el censo y las papeletas. Brillante. A nadie se le había ocurrido algo tan original: que guardias civiles, al más puro estilo Mortadelo y Filemón serían los encargados de detener la rebelión de millones de personas de una forma limpia y sencilla.

Pero si resulta que hay alguien listo en la Generalidad y pasa que en la imprenta de Tarragona se está imprimiendo el programa de fiestas de la Mercé, y entonces hay finalmente papeletas, estoy convencido de que el gobierno tiene plan B. Yo se lo voy a desvelar. Una pareja de la guardia civil con tricornio, ayudados por bomberos voluntarios, se van a llevar el balcón de San Jaume, y de esa manera no habrá declaración de independencia. Este debe ser el consejo que la vicepresidenta y jefe de la TIA le habrá sugerido al presidente. Así que para desgracia de Puigdemont, deberá declarar la independencia desde Canaletas, tampoco es un mal lugar siempre y cuando se acompañé del ex jugador de la selección nacional, Guardiola, reconvertido a coach del procés.

Pero lamentablemente la realidad no será ninguna de las que nos ofrecen estas visiones. Lo que va a ocurrir es lo siguiente: Una vez que entremos en la dinámica de órdenes de fiscales que se cumplen o no, y declaraciones y acciones de los funcionarios y políticos que seguirán a lo suyo, la cosa se irá tensando. El próximo once de septiembre las masas arengadas por los soberanistas, aunque sean en menor número, saldrán a la calle; pero no como en el 15-M, sino como en la noche de los cristales rotos.

Cuando los energúmenos de la CUP ven que el Parlamento y el gobierno se saltan las leyes de forma impune; incumplen con el estatuto y pisotean en público a la oposición que de lo único que es capaz es de solicitar de forma cándida que por fa no sigas a Carmen Forcadell, habrá unos tipos en la calle, como ocurría con las SA, que se irán de copas, y luego asaltarán los cuarteles de los mossos d'esquadra con la bendición nacionalista, porque lo harán en la legitima defensa del estado catalán. Y como ya les han bendecido, irán a las casas de donde viven todos y cada uno de los políticos catalanes opuestos al proceso y los pondrán en el mejor de los casos, sanos y salvos al otro lado de las nuevas fronteras.

Pero es que resulta que más de la mitad de la población no comparte esta rebelión, y no se van a quedar de brazos cruzados, porque es natural. Y en cuanto salga el primer españolito con la enseña nacional a la calle, va a comenzar la caza al español. El procés podrá ganarle al Estado gracias a su inacción, pero para imponerse a la otra mitad de la población, va a tener que hacer algo más. Sólo a través de un régimen de terror puede imponerse una minoría a la mayoría; no lo van a hacer con leyes, porque la oposición al proceso va a estar en las calles al ser expulsada de las instituciones.

Si usted es catalán y español y quiere saber qué va a ocurrir con usted y su familia, recuerde a los bosnios en Serbia y a los serbios en Bosnia. Porque hace veinte años apenas, se enterraban a los masacrados en fosas comunes en Europa. No puede ser de otra manera para que esta sinrazón se imponga.

Mientras que el presidente del Gobierno descarga su responsabilidad en los tribunales y fiscales para reservarse para una posible negociación que no se va a producir; mientras el líder de la oposición estás más preocupado en no salir en la foto para no molestar a su socio estratégico, que está con la rebelión, y Ciudadanos se empeñe en solucionar todo con el espíritu de Voltaire, estamos muertos como nación.

Podrán contemporizar todo lo que quieran, pero cada día que pasa los independentistas se sienten más fuertes y los constitucionalistas menos, y este escenario nos conduce de manera inevitable al conflicto civil. Estas cosas se sabe cómo comienzan, pero no como acaban. Y cuando empiecen los cuperos a dar el matarile a los que no piensan como ellos; e incluyo a los burgueses y agricultores del PDeCAT que serán también objetivo de esta depuración, ¿qué respuesta va a dar el Gobierno? ¿Va a tener que ser la población civil, una vez más como en 1808, la que salga a defender la libertad frente al gobierno que se pone del lado del enemigo?

Esto no puede acabar bien, porque lleva todo el marchamo de la implantación de un régimen totalitario que además no va a satisfacer los anhelos de la mayoría de la gente, por lo que el terror será una herramienta imprescindible para mantener a las hordas en orden.

Debe actuarse de inmediato, no citar a declarar para Navidad a los golpistas, sino que ante la comisión de delitos flagrantes, proceder a la detención de los autores de tan graves delitos; sin vergüenza, hay que ir a buscarlos a su casa y al cuartelillo. Hay que declarar el estado de alarma; esto no se resuelve como si se tratara de una discusión política; estamos ante una traición y los mecanismos de respuestas deben ser proporcionales al delito cometido. Para evitar que los independentistas tomen el espacio público, que ya es sólo de una parte de los catalanes, hay que restringir los derechos de manifestación y, a continuación, disolver el Parlamento, iniciar el procedimiento de ilegalización de los partidos secesionistas por perseguir fines ilícitos y cuando las circunstancias lo aconsejen, convocar nuevas elecciones en las que participen todos aquellos, que con independencia de cómo piensen, se ajusten a la legalidad. No podemos admitir tener a partidos terroristas otra vez en las instituciones, ¿o es qué no hemos aprendido? No me asusta la independencia sino la violación de la legalidad.

Pero los del caganet prefieren antes que se rompa a España a pasar a la historia como unos patriotas que tuvieron que terminar con esta locura con las armas que los españoles les hemos dado. Si mi presidente no defiende la legalidad pierde su legitimidad para continuar siendo mi presidente, no me sirve un presidente que permite que se cometan estos atentados y dejarlos impunes. Pero lo que no podrán evitar es el conflicto civil en Cataluña, si ahora siguen empeñados en acudir a ese edificio con forma de nave espacial que se llama Constitucional y esperando que se avengan a razones. Esa línea roja ya se traspasó. Desde la Constitución de Bayona en 1808, no se había cometido mayor felonía a los españoles que no van a quedar inmóviles esperando a que les toque el paseíllo; por ahí no vamos a pasar.

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