viernes, 4 de noviembre de 2016

La Ley no sirve frente al separatismo

Buenos días

                             Volvemos a tener gobierno.

                                                               ¡¡Albricias!!

Los españoles van a seguir siendo despellejados por sus políticos de 17 formas diferentes.

Entretanto los españoles siguen sin enterarse de lo que realmente importa, de los motivos por los que España se está deshaciendo como un helado al sol del separatismo.

El magistrado en excedencia del Tribunal Supremo Adolfo Prego nos ha regalado un artículo que es, bajo mi punto de vista, es fundamental para entender lo que esta sucediendo en España y sobre todo a donde vamos a llegar

Creo que cualquier persona normal debería leerlo detenidamente y debería reflexionar sobre lo que los políticos le están haciendo a los españoles.
 



Adolfo Prego. Magistrado excedente del Tribunal Supremo

Aumenta la frecuencia de los desplantes de los secesionistas frente al Estado. No pasa un día sin que insistan en su desafío de convocar ilegalmente una consulta previa a su declaración de independencia, o directamente amenacen con lo que denominan desconectarse del Estado español.
Diariamente nos desayunamos con esa cantinela, cansina por lo reiterada pero preocupante por la intensificación de la firmeza con la que expresan su enloquecido plan secesionista. Y porque ya empiezan a pasarse abiertamente por el arco del triunfo las sentencias del Tribunal Constitucional o del Tribunal Supremo con la mayor desfachatez. Dicen que no se sienten sujetos a sus decisiones porque son tribunales españoles….
Todo esto se veía venir desde hace muchos años. La pasada Historia contemporánea de España avalaba los peores augurios, y los acontecimientos políticos recientes los corroboraban. Sin embargo, quienes tenían el deber y el poder de poner a punto los mecanismos jurídicos de respuesta no lo han hecho. Prefirieron mirar hacia otro lado. De hecho, se dedicaron de manera suicida a desarmar el aparato jurídico del Estado, eliminando sus defensas hasta dejarlo inerme frente a los retos del secesionismo. Y esto durante veintiún años, que se dice pronto.
Pero hemos llegado ya al final del trayecto y las autoridades del Estado parece que por fin ven las orejas al lobo y dicen que quieren responder. Proclaman ahora solemnemente que tienen dispuestos y a punto los mecanismos de reacción. Si es así, a buenas horas…
Yo, la verdad, no veo tales mecanismos por ninguna parte. Por más que los busco y estudio el ordenamiento jurídico no los encuentro. No descubro ninguna respuesta legal verdadera y seria. Me refiero, claro está, a una respuesta que sea eficaz y dotada de una escala que se ajuste realmente a la gravedad del desafío que hay que neutralizar.
Porque si de lo que se trata es de tener una reacción raquítica, canija, lo mejor será no usarla ni exhibirla siquiera. Por dignidad. Por no hacer el ridículo, y por evitarnos a todos los españoles tener que rematar con un triste espectáculo final la incompetencia de quienes desde los resortes del poder político nos han traído a rastras hasta esta lamentable situación histórica.
Le dirán a usted, amable lector, que el Estado está preparado. Pero no se deje engañar. Sepa usted que hoy en España, aunque parezca mentira, proclamar la independencia de una parte de su territorio no es un delito. Ni puede ser castigada semejante enormidad con una pena. A la opinión pública se le dice que sí lo es, pero no es cierto. Me consta que importantes juristas de altísimo nivel situados en las instituciones del Estado trabajan con ahínco para encontrar la naturaleza delictiva del desafío secesionista. Yo lo veo muy difícil sin retorcer los textos legales y sin quebrantar el principio de legalidad, fundamental en el Derecho Penal civilizado.
Lo que es verdad es que el comportamiento al que me refiero fue un grave delito en España durante muchos años hasta que el Código Penal de 1995, llamado Código de la democracia, suprimió todas las figuras penales que castigaban los ataques a la unidad nacional, y los comportamientos secesionistas dirigidos a la fragmentación del Estado. Ataques que castigaba, y muy severamente, por cierto, el Código Penal de la Segunda República: su artículo 242 recogía como delito de rebelión “los ataques a la integridad de España… bajo una sola Ley fundamental y una sola representación de su personalidad como tal Estado español”. La pena no era precisamente menuda: de seis años y un día a doce años de prisión; y en el caso de llegar a tener efecto la rebelión, la de prisión de doce años y un día a veinte años para los promovedores de ella.
El Código Penal de la Segunda República castigaba, y muy seriamente, los ataques a la unidad nacional.
Este delito se mantuvo en los Códigos Penales posteriores, primero como delito de rebelión y luego como delito de sedición. Pero el legislador del 95, aquejado de un buenismo suicida, los suprimió todos haciendo gala de una ceguera política verdaderamente asombrosa. Pero la verdad es que tampoco nadie después rectificó este error, aunque lo conocían. Y así hemos seguido durante veintiséis años. Ahora las cosas quieren arreglarse tarde y mal. Y posiblemente no puedan ya arreglarse de ningún modo.
Ésta es la verdad que no se cuenta.
¿Y ahora qué tenemos?, se preguntará usted. Pues nada… No tenemos nada que castigue la proclamación de independencia de una parte de España: no es ya rebelión porque ésta exige que la finalidad de separar una parte del territorio español se pretenda a través de un alzamiento público que además tiene que ser “violento”. No es tampoco sedición porque este delito exige que el alzamiento público sea además “tumultuario”. Así que proclamar la independencia de parte del territorio español, sin que medie violencia ni haya tumulto, aun concurriendo alzamiento público, no es nada.
Es más: ni siquiera los sucesivos gobiernos de España han querido incluir semejante barbaridad entre los delitos contra la Constitución. Le parecerá mentira pero así es. Entre esos delitos encontrará el lector un variado repertorio de conductas más o menos perturbadoras del trabajo de los diputados; incluso el inocuo hecho de manifestarse ante las sedes del Congreso de los Diputados, por citar sólo un ejemplo de algo irrelevante pero que ha sido elevado a la categoría de delito contra la Constitución. Sin embargo, no encontrará usted ninguna figura que describa la proclamación de independencia de una comunidad autónoma o de una parte de nuestro territorio, en el seno de una asamblea legislativa por votación y decisión colectiva de sus Señorías secesionistas.
¿Qué nos queda entonces? Pues el modesto campo de la desobediencia a los tribunales en el que no faltan ciertas particularidades verdaderamente bochornosas: cuando el desobediente es una autoridad (por ejemplo, Presidente de la Comunidad Autónoma) que se niega abiertamente a dar debido cumplimiento a una resolución judicial (por ejemplo, Supremo o Constitucional), ni siquiera su comportamiento rebelde es delito contra la Constitución a pesar de que integra un verdadero ataque a la estructura del Estado y a la división de poderes. Es sólo un modesto delito contra la Administración Pública, o sea, un delito en el que lo que se protege es la eficacia de la maquinaria que dispensa los servicios públicos. La pena por ello es ridícula: una pequeña multa, y una inhabilitación por dos años como máximo para ejercer empleos o cargos públicos… precisamente en España. Es fácilmente imaginable lo que estas penas pueden impresionar a la autoridad autonómica secesionista que se constituye en Estado independiente.
Aún más: el precepto que recoge este delito de la autoridad desobediente a las sentencias judiciales es el mismo que, también con idéntica pena, sanciona a cualquier funcionario que desobedece las órdenes recibidas de la autoridad superior. No importa ni el rango jerárquico del que desobedece ni la relevancia de la autoridad desobedecida, desde una perspectiva constitucional. Así que para el legislador ambas cosas son equiparables: la conducta del modesto funcionario que desobedece a la autoridad de la que depende y la conducta de la autoridad rebelde que se niega a cumplir las sentencias de nuestro Tribunal Constitucional o de nuestro Tribunal Supremo.
Y todavía algo peor: el precepto contiene la vergonzosa previsión de que el desobediente (pensemos en un Presidente autonómico que se niega a cumplir una sentencia del Supremo o del Constitucional) pretenda su exención de responsabilidad con el alegato de que el mandato incumplido era contrario a la Ley. No digo que este alegato pueda prosperar. Digo que la norma prevé la posibilidad de hacer esta alegación incluso cuando el mandato desobedecido proceda del más alto Tribunal de España. Y digo yo que el sólo hecho de que el Código Penal contemple esta hipótesis como posible y por tanto como alegable en un proceso, debería abochornar al legislador español que ha mantenido este estado de cosas en el repertorio jurídico del Estado.
Así que cuando ahora nos dicen que están preparados los mecanismos jurídicos para responder al desafío, pienso para mis adentros: “menos lobos…”
El Gobierno, viniéndose arriba, busca tranquilizar a la inquieta opinión pública. Pero no nos engañemos. Para soltar un órdago así al envite del nacionalismo hace falta algo más que entusiasmo. Hace falta tener mejores cartas jurídicas. En este problema no se puede ir de farol porque se corre el riesgo de que te contesten: “veo”. Y en ese momento hay que enseñar las cartas.
Entonces, ¿qué haremos? Mucho me temo que, aparte del ridículo, no haremos nada. Sólo contemplar un desastre de gravísimas consecuencias para la Historia de España. Un desastre que tiene una larga nómina de responsables.


                 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Facebook expulsa a Pio Moa

Facebook, engendro totalitario




 Con ruego de máxima difusión:

Me conecto a Facebook y me encuentro con que me han eliminado por no“cumplir las normas”. ¿Cuáles son esas “normas”? Básicamente evitar amenazas o “lenguaje que incite al odio”. En mi caso no había la menor amenaza, de modo que hay que pensar que mis intervenciones incitaban al odio. En un primer momento estos hipócritas señalaron alguna de esas intervenciones, que luego no aparecieron en la notificación. Eran una serie que según recuerdo, señalaba lo siguiente:

 ** Una pareja homosexual no puede tener hijos. Es el “amor estéril” por naturaleza.

 **El primer derecho de un niño es a tener un padre y una madre reales, no la parodia de  dos papás o dos mamás.

    Lo anterior, desde luego, es una constatación de la más elemental realidad, aunque a los homosexualistas, no necesariamente a los homosexuales, les pueda parecer “ofensivo”. Seguía:

 ** Por accidente, un niño puede verse privado de padre o de madre, o de ambos, y ser criado por otras parejas normales. Pero en el caso de la homosexualidad  no es un accidente, sino un “principio” que pretende equiparar la familia normal a una parodia de ella.

 ** El argumento o argucia usado a menudo,  de que lo importante es el cariño cae aquí por su peso: el cariño real empieza por reconocer el derecho más básico del niño.

 ** Si no se reconoce el derecho más elemental del niño a una figura paterna y materna, el “cariño” se parece al que pueda tenerse a una mascota. La adopción homosexual reduce al niño, efectivamente, a una mascota.

 -** tra argucia homosexualista se refiere a padres que maltratan a los niños. Este es un problema serio, y que va en aumento conforme la familia se degrada sistemáticamente, como hoy ocurre. Pero privar a los niños de la figura paterna y materna es ya un maltrato de principio, por mucho “cariño” que se le eche.

 ** El hecho de que en las parejas homosexuales uno de los miembros remede el papel masculino y otro el femenino, no mejora la situación, desde luego.

 ** No debe olvidarse, además, que los curas y no curas pederastas son en su mayoría también homosexuales. Hace poco Ramón Pi señalaba cómo en las webs homosexualistas se encuentran a menudo apologías de la pederastia.

 Cualquier persona  que conserve algo de racionalidad y sentido común encuentra que las afirmaciones anteriores responden a hechos evidente, sin necesidad de mayor explicación. Pero los homosexualistas –la mayor parte de los cuales no son homosexuales, sino simplemente enemigos de la familia y de la Iglesia-- son muy aficionados a crear embrolladas teorías que, como los comunistas, pretenden “científicas”. En relación con ello, escribí:

 ** No me opongo a que los homosexualistas expongan sus enrevesadas  sandeces. Me opongo absolutamente a que  las impongan y a que promuevan leyes totalitarias que les permitan perseguir a quienes discrepamos de ellos.

    Estas opiniones, naturalmente han sacado de quicio a los homosexualistas, que me acusan de “incitación al odio”. Es como si los nazis me acusaran de incitación a odiarles por poner de relieve su racismo. Pero mis opiniones sí han sido respondidas con verdaderas oleadas de insultos, obscenidades y deseos de muerte. Eso sí es incitación al odio, aparte de una expresión de odio enfermizo muy significativa. En Facebook, en twitter, en los medios en general, la calumnia e incitación al odio a la Iglesia, por ejemplo, son constantes, pero por lo visto eso es “normal”.

    Esto de “incitación al odio” es la argucia más repugnantemente hipócrita  que ha inventado el totalitarismo hasta ahora para silenciar y perseguir a los inconformes. A su lado, las acusaciones de “antisovietismo”, por ejemplo, eran al menos más precisas y permitían saber a qué atenerse. Pero estos miserables pretenden montar una policía de los sentimientos, algo inédito, porque eso del “odio” resulta de lo más etéreo e interpretable, como se ven en la felonía de Facebook contra mí.

  Para colmo, los hipócritas de facebook me invitan a que me autocensure: "Puedes --el maleducado tuteo. Creen estar tratando con coleguis-- revisar el contenido de la página" para que me autoricen a volver a publicar.  Dicen algunos que las redes sociales son una garantía de libertad. Ya ven con cuánta facilidad pueden convertirse en lo contrario

   Esto no debe consentirse, y hago una llamada a todas las personas que conserven un mínimo sentido de la libertad y la dignidad, a movilizarse contra los nuevos totalitarios que, poco a poco, van imponiendo en la sociedad una tiranía nueva, la más vil que se recuerde.

miércoles, 31 de agosto de 2016

El Ayuntamiento de Madrid tala todo un paseo solo por que en el viven militares



Buenos días

El Ayuntamiento de Madrid ha hecho algo francamente repugnante, ha agredido a los vecinos de una calle de Madrid talando su frondoso arbolado y destruyendo 60 años de naturaleza viva y magnifica.

El Ayuntamiento de la Carmena-Carmona me niego a escribir señora, ha perdido ese título, a través de la delegada de Medio ambiente Inés Sabanes ha talado más de 150 añejos arboles que sombreaban el Paseo de la Virgen del Puerto y calles aledañas solamente porque en dicha zona viven militares españoles, tal es el odio feroz de la izquierda a todo lo que huela a Ejercito.


La Ley de la memoria histórica se ha cebado en los nombres de personalidades militares que daban nombre a muchas calles de Madrid, los ha proscrito y eliminado, a este Paseo de referencia, referencia por cuanto ha aguantado asesinatos y atentados de ETA, le ha hecho todo el daño que ha podido, ha matado su arbolado y ha humillado a sus  vecinos destrozándoles el entorno para siempre.
 http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/2016/08/tala-masiva-en-virgen-del-puerto-cortar.html


 Virgen del Puerto solo es una zona donde viven viudas de militares, viejos y cansados retirados del  Ejército y soldados de España en activo, era una calle tranquila, llena de majestuosos arboles que daban sombra y calma a sus vecinos y esto por lo visto no era del agrado del consistorio que, en  un rapto de vileza absoluta, ha destruido el arbolado en pleno mes de Agosto y de la forma más traicionera que ha podido.
Lo increible es que hay una normativa municipal que prohibe expresamente lo que esta haciendo esta retorcida alcaldesa
 http://www.elmundo.es/elmundo/2005/10/06/madrid/1128601057.html


En dos días ha destruido la tranquilidad de la zona, ha malbaratado lo que la naturaleza construyo en más de 60 años y  ha convertido la calle en una chicharrera caliginosa e insoportable en donde ya no se puede casi ni andar del calor que hace.

Esta agresión del Ayuntamiento a la comunidad de vecinos de Virgen del Puerto ha venido acompañada del consabido cachondeo institucional, a este destrozo le ha llamado “plan de regeneración del arbolado”, quizá recordando que su ideologia llama al asesinato de seres humanos en su etapa fetal Interrupción del Embarazo”: En este caso interrumpen el crecimientos de los arboles por el expeditivo método que utilizan con el embarazo, el crimen vil.
                                                             La repugnante agresora
   http://blogs.elconfidencial.com/espana/el-confidente/2016-08-26/ines-sabanes-tala-arboles-protesta_1251337/



Para no encontrar oposición ni problemas han hecho esta barbaridad  en pleno agosto, cuando los vecinos están de vacaciones y no pueden protestar y para cubrirse más o menos legalmente se han sacado de la manga un “estudio” en el que explican los motivos por los que talan los arboles. Según este supuesto estudio los arboles son viejos, están mal podados, quitan la luz, tienen no se qué enfermedad, más bien epidemia dado que los cortan todos o tienen problemas de crecimiento…setenta años después de plantarse y con un desarrollo espectacular estos linces del Ayuntamiento dicen que crecen mal.


Para colmo de estupidez los “ingenieros” que han hecho el informe que ha dado pie a el arboricidio han olvidado algo primordial, debajo del cemento de esta calle hay tierra de labor, magnificas tierras de huerta y los arboles bebían de las aguas pluviales que esta zona de Madrid tiene en abundancia…mas el rio Manzanares, que está al lado. Casi todos los árboles cortados estaban sanos.

De manera que de enfermos nada, maduros sí, pero eso es todo.

En los tocones que estos gángster medioambientales y antimilitaristas han dejado como recuerdo de que allí hubo bellos arboles se aprecia que estos estaban sanos y robustos, pero eso poco importa, todo el famoso “estudio” no es más que una escusa bastante chapucera. El Ayuntamiento pretendía hacer daño a los vecinos de Virgen del Puerto y la argumentación es lo de menos, cubre el expediente y se termino.


El resentimiento, la insensata forma como el rojerío municipal ataca a toda una calle solo porque en ella viven militares clama al cielo, la violencia con la que han agredido a unos viejos soldados rompiéndoles su entorno es demencial  y todo porque hacer daño a todo lo que es bueno y sano  eesta en sus malditos genes.


Naturalmente los ecologistas, las asociaciones de defensa del medio ambiente, las asociaciones de vecinos y demás terminales del rojerío militante no han dicho esta boca es mía, es mas estoy seguro que habrán brindado por la hermosa marranada que el Ayuntamiento le ha hecho a los para ellos “repelentes militares”.


Cuando un estado, y un Ayuntamiento es una parte fundamental del entramado de un estado, se permite el lujo de agredir a una comunidad de vecinos solo porque son militares utilizando los medios que el estado de derecho proporciona es hora de empezar, en serio, a tomar medidas tendentes a la autoprotección, porque dicho estado ha perdido su legitimidad, será legal, pero no es legitimo.


El Ayuntamiento de Madrid en vez de proteger a los vecinos, los agrede de forma inicua

Señores, la cosa va mal

Muy mal.

Saludos

sábado, 18 de junio de 2016

DEL EUFEMISMO A LA AGRESIÓN



Buenos dias
Desde el dignisimo blog del general Davila se nos pide a sus lectores que difundamos este magnifico escrito del teniente general Alaman cosa que hago gustosamente ya que entre otras cosa estoy absolutamente de acuerdo con su exposición.

DEL EUFEMISMO A LA AGRESIÓN (Teniente General Emilio Pérez Alamán)
“Sin prisa pero sin pausa”. Esta frase, muy utilizada en tiempos del Régimen anterior, ha sido practicada al pie de la letra, durante cuarenta años, por los que inicialmente lo denostaron y finalmente lo borraron de la Historia.

Con esta consigna, asumida por los autores y actores de la que ellos mismos bautizaron como “La Transición”, España ha transitado hasta la actual situación, inconcebible para la inmensa mayoría de los españoles en el año 1976.

Por aquellas fechas, prácticamente todos eramos conscientes de que fallecido el Jefe del Estado finalizaba su Régimen personal y era necesario empezar un nuevo ciclo, puesto que, en contra de lo extendido por poderes interesados, aquel régimen no pasó de lo personal ni pretendió prolongarse como el peronismo o el castrismo, sino que dejó abierto a los españoles un camino para su relevo.
En esa confianza nos asomamos con ilusión a una nueva etapa de nuestra Historia. Se partía de una situación de bienestar social sin precedentes en el siglo XX, junto a un amplio reconocimiento internacional de España, tras superar una guerra fratricida, originada por la descomposición de un Estado vendido al peor sistema de aquel momento, el comunismo, y después de cuarenta años de un régimen personal pero no dictatorial como se ha transmitido a las generaciones posteriores.
Sin embargo, aquella primera ilusión, transcurridos otros cuarenta años, no se ha convertido en la realidad anhelada por la mayoría. La esperada transformación que mejoraría el estado de bienestar, que iba a facilitar una mejor convivencia entre todos los españoles a través de su igualdad en todos sus ámbitos y que, sobre todo, permitiría disponer de unas Instituciones Democráticas respetables y respetadas, se han quedado en mera ilusión y ansiado deseo.
A mi juicio, aunque exista una responsabilidad general de no haber alcanzado esa España mejor, no se puede obviar la falta de empeño de los máximos responsables de llevar a efecto la transformación y adaptación a los nuevos tiempos que se esperaba.
Por supuesto que no es posible, sin estar en los servicios de Inteligencia o equipos de investigación mediática, encontrar y analizar los motivos y razones de porque la transformación política y social se haya desarrollado como la hemos vivido y estamos sufriendo. Pero si es posible que un observador de los acontecimientos y los resultados que los mismos obtienen, pueda constatar que nada sucede por casualidad.

Es cierto que en a penas cinco años se llegó a proclamar el éxito de una “transición ejemplar” con la aprobación de una nueva Constitución, la ruptura del juramento prestado por los responsables del anterior Régimen a sus Principios, la aceptación por los comunistas de la Monarquía y de la Bandera Nacional, renunciando a la propia del Partido Comunista Soviético así como la declaración de no marxista del nuevo Partido Socialista. Además de otros gestos altruistas que hacían presagiar un nuevo milagro español.
Tristemente aquella apariencia, se fue diluyendo mientras el terrorismo actuaba sin piedad en “los años de plomo” sin percibirse una clara actitud de derrotarlo en todos los campos por parte de un temeroso Poder legalmente constituido. Al mismo tiempo el desarrollo de las Autonomías empezaba a desvelar lo complicado de la nueva organización territorial, nada tranquilizante para la Unidad de España.
Las Fuerzas Armadas eran la única Institución que podía influir entonces en el Poder político para que resolviera ambas amenazas y llegó el 23-F de 1981. Sobre él se han escrito ríos de tinta sin poder aclararlo del todo. Inmediatamente después el PSOE alcanzó el Gobierno y con el Ministro Serra, sin prisa pero sin pausa, se comenzó la permanente remodelación de los Ejércitos con todo tipo de excusas hasta llegar al extremo de que hayan tenido que soportar un JEMAD que ahora se postula como posible Ministro de Defensa de un partido Comunista Radical.

El eufemismo, como palabra o expresión más suave que sustituye a otra considerada demasiado franca, ha sido uno de los métodos más empleados por los poderes políticos para hacer pasar por bueno lo que solo era políticamente correcto, haciendo posible la aceptación por el conjunto social de actitudes, hechos, incluso imposiciones con formato legal. Así si aborto significa claramente la muerte del no nacido, “ la interrupción voluntaria del embarazo” no parece que sea acabar con una vida por muy avanzado que se considere. “La via Nanclares” es una amnistía disimulada, “la derrota de ETA” no lo es porque haya dejado de matar pero no se ha disuelto ni entregado su arsenal, aunque haya conseguido muchos de sus objetivos. “Violentos” en lugar de asesinos terroristas, “Derecho a decidir” es realmente el incumplimiento deliberado de la Ley… Así hasta llenar un diccionario de eufemismos.
El empleo de estos procedimientos de comunicación engañosos, junto a actuaciones flagrantes, igualmente anti democráticas, sino delictivas, como la corrupción de Instituciones o la falta de una auténtica independencia del poder judicial, han conducido a una quiebra social de la que se aprovechan los partidos y grupos más radicales, los cuales utilizan su característica forma de imponer violentamente su ideología, mientras la Autoridad, más temerosa que prudente, no aplica adecuadamente las medidas legales que le corresponden.
Desde el trágico atentado del 11-M de 2004, aún sin esclarecer satisfactoriamente, hasta la fecha, son muchas las agresiones de carácter ideológico que se contabilizan casi a diario sobre objetivos concretos y bien definidos.

No se puede poner en duda que aquel camino que se emprendió en la segunda mitad de la década de los años 70, ha llevado a España, sin prisa pero sin pausa, a una situación realmente comprometida y que a los más mayores les retrotraen a episodios que ya tenían olvidados.

España, como Nación secular, no se convertirá nunca en un Estado fallido por mucho que algunos lo pretendan. Pero una Democracia que en su largo recorrido, camina desde el eufemismo hasta la imposición de ideologías mediante la agresión, incluyendo la voluntad de romper la Unidad de la Nación sin la adecuada reacción del Estado de Derecho, si puede convertirse en una Democracia fallida.
En este momento clave para resolver la incógnita y probar nuestras capacidades, no se debe caer en alarmismos ni pesimismos, pero tampoco se puede pecar de pazguatos.
Emilio Pérez Alamán Teniente General (R.)