sábado, 9 de abril de 2022

Guerra y paz… ¿y verdad?

 Buenos dias

Tercera entrada del análisis de Rafael del Pino Calvo-Sotelo de obligada lectura si se desea conocer que sucede en Europa tras el desafio de la guerra económica planteada por los EEUU a Europa, Rusia incluida, usando a la Nato como vanguardia y a Ucrania como territorio en el que experimentar su nueva guerra

Es posible juzgar con ecuanimidad la guerra de Ucrania? El bombardeo mediático, unánime diario y unidireccional (como con el covid), diseñado para provocar reacciones emocionales que anulen la capacidad de raciocinio, ha provocado una extrema parcialidad de la opinión pública occidental, aunque no así en el resto del mundo

 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

23 de marzo de 2022

Me pregunto si es posible juzgar con ecuanimidad la guerra de Ucrania. El bombardeo mediático, unánime diario y unidireccional (como con el covid), diseñado para provocar reacciones emocionales que anulen la capacidad de raciocinio, ha provocado una extrema parcialidad de la opinión pública occidental, aunque no así en el resto del mundo. “El corazón tiene razones que la razón no alcanza”, decía Pascal, y es cierto. Resulta imposible no conmoverse e indignarse al ver las sobrecogedoras imágenes que causa el horror de la guerra. Sin embargo, no podemos quedarnos ahí ni reducir una realidad compleja a un simplismo maniqueo y pueril.

Sin duda, existen motivos objetivos para estar sesgados ante este conflicto. En una entrevista en Le Figaro, un general francés apuntaba acertadamente a que somos “culturalmente más sensibles al débil, a David frente a Goliat” y también “a la herencia histórica y psicológica de la amenaza soviética en tiempos de la Guerra Fría”, lo que distorsiona nuestra percepción de Rusia. El general insistía en que era difícil formarse una opinión equilibrada dada la propaganda “de ambos bandos” y parecía envidiar “la prudencia mostrada por el resto del mundo (…), que no ha apoyado a Occidente sin por ello tomar partido por Rusia[1]”.

La guerra es entre EEUU y Rusia

En efecto, si creemos (equivocadamente) que el conflicto es entre Rusia y Ucrania resulta inevitable identificar a Rusia con el matón Goliat. No obstante, sabemos que Ucrania, siendo víctima, no es actor principal, pues su gobierno es una marioneta de EEUU. Y si la guerra es entre EEUU y Rusia, ¿quién es el fuerte y quién el débil? Porque en el mundo sólo hay un Goliat menguante, que es EEUU, y un Goliat ascendente, que es China, y los demás somos todos David de mayor o menor tamaño, incluyendo Rusia (mal que le pese a Putin). Desde esta perspectiva, más ajustada a la realidad, el pobre pueblo ucraniano sería el inaceptable daño colateral inocente (no así su gobierno) de un conflicto entre EEUU y Rusia causado por la expansión hacia el Este de la OTAN forzada por EEUU, que desoyó las advertencias rusas durante 15 años y despreció las reservas mostradas por unas renuentes Francia y Alemania. Por tanto, la consigna repetida ad nauseam de que la agresión rusa no responde a provocación alguna es, simplemente, mentira.

Reconocer que existe una causa de este conflicto provocado por EEUU no implica justificar la desproporcionada, brutal e injustificable reacción rusa por la que han muerto 925 civiles, según datos provisionales de la ONU[2]. Son cuestiones que merecen juicios independientes, y así lo entiende el ecuánime presidente de Sudáfrica, que fue profesor invitado de Derecho en la Universidad de Stanford[3] y se postula como posible mediador: “El análisis de las causas de este conflicto, compartido por prestigiosos expertos en relaciones internacionales y muchos políticos, indica que esta guerra podía haberse evitado si la OTAN hubiera hecho caso a las advertencias de algunos de sus propios dirigentes y funcionarios a lo largo de los años de que su expansión hacia el Este provocaría una mayor inestabilidad en la región. A pesar de que sea importante comprender las causas del conflicto, no podemos aprobar, sin embargo, el uso de la fuerza ni la violación de las leyes internacionales[4]”. Es difícil expresarlo mejor.

¿Es Putin el problema?

El objetivo central de la campaña de propaganda occidental ha sido la demonización personal de Putin como no se ha hecho con ninguno de los numerosos dictadores que pululan por nuestro planeta, incluyendo algunos amigos íntimos de EEUU. Este retrato lo pintaría hoy – no antes de febrero del 2022 – como un loco expansionista nostálgico del imperio soviético, expansionismo que muchos conocedores de la realidad rusa ponen en duda. El Director del Intelligence Project de la Harvard Kennedy School Paul Kolbe, con una trayectoria de 25 años en la CIA, aclaraba en 2019 que Putin “no está tratando de reconstruir la Unión Soviética, pero quiere tener vecinos sólidos, quiere que se acepte que Rusia tenga esferas de influencia y quiere poder asegurarse que las amenazas no se acerquen a su frontera[5]”.

Me parece importante recalcar que el resto del mundo observa con creciente resentimiento que un país como EEUU, que mantiene 750 bases militares en 80 países diferentes sin importarle si son democráticos o no[6], acuse de expansionismo a otro. Este doble rasero que defiende abiertamente EEUU (“las reglas son para vosotros, no para mí”) fue irónicamente criticado por Putin en un artículo firmado por él mismo en 2013. En aquellos tiempos Putin aún podía escribir (y publicar en el New York Times) que su relación con Obama estaba marcada “por una creciente confianza”. El artículo, destinado a despertar la simpatía del mundo no occidental, decía así: “Es extremadamente peligroso animar a la gente a considerarse excepcional, sea cual sea la motivación. Hay países grandes y pequeños, ricos y pobres, los que tienen una larga tradición democrática y los que todavía están buscando su camino hacia la democracia. Todos somos diferentes, pero cuando pedimos las bendiciones del Señor, no debemos olvidar que Dios nos creó iguales[7]”. Si Putin es un expansionista, ¿dónde está la evidencia histórica de que lo es tras 22 años en el poder? Y ¿por qué no se le acusó de ello antes? La explicación más probable es que el relato que quiere explicar la invasión de Ucrania como una repentina fiebre imperialista de un individuo enloquecido se ha construido a posteriori para disimular que el principal responsable de esta crisis “es Occidente, y en particular Norteamérica[8]”, según John Mearsheimer, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chicago, en un artículo publicado en The Economist.

No cabe ninguna duda que un yonqui del poder autoritario como Putin tiene todos los rasgos de la patología del poder, pero ¿es Ucrania una obsesión personal? No lo parece, pues la pertenencia de Ucrania a la OTAN es considerada por Rusia – y no sólo por Putin – una “amenaza existencial”. William Burns, actual Director de la CIA y ex embajador de EEUU en Rusia, dejó claro en sus memorias (publicadas en 2019) que “la entrada de Ucrania en la OTAN es la más roja de las líneas rojas para la élite rusa y no sólo para Putin”, añadiendo:  “En más de dos años y medio de conversaciones con personajes clave de Rusia, desde los más cavernícolas del Kremlin hasta los liberales más críticos con Putin, aún no me he encontrado con nadie que no vea la entrada de Ucrania en la OTAN como una desafío directo a los intereses de Rusia[9]”. En la misma línea, la experta Alexandra Vacroux afirmaba en un encuentro celebrado en Harvard en 2019 que “es un error pensar que Putin es el problema[10]”.

Propaganda

La propagada bélica de ambos bandos hace siempre difícil hacerse una idea de la marcha de cualquier conflicto y exige un constante ejercicio de escepticismo independientemente de la simpatía que genere uno de los contendientes. En el caso de Ucrania, y sin observadores independientes sobre el terreno, vivimos un sorprendente oscurecimiento informativo, pues el contendiente ruso permanece hermético (salvo por sus gélidos partes de guerra, censurados por Occidente) y el ucraniano está inmerso en una campaña de propaganda tan estridente que desgraciadamente ha perdido toda credibilidad, aunque sea la única fuente de “información” de los medios occidentales (que dan por bueno, sin verificarlo, todo lo que les cuentan). En palabras de un exasesor militar del Secretario de Defensa de EEUU, “la mayor parte de la información que sale de Ucrania se desacredita como mentira en 24/48 horas[11]”.

El mismo valor propagandístico tiene la canonización del presidente ucraniano por parte de la prensa occidental como “héroe” a ojos de una ignorante opinión pública. Esta caracterización causa perplejidad a cualquiera que conozca un poco la realidad de Ucrania. ¿Debemos olvidar que es uno de los países más corruptos del mundo[12] y que ya en 2019 el 12% de su población (más que Venezuela) había tenido que emigrar?[13] ¿Debemos olvidar que uno de sus oligarcas, acusado de alzamiento de bienes, fue valedor de Zelensky[14] y que en mayo del 2021 éste mandó arrestar al líder de la oposición parlamentaria democrática prorrusa y cerró de manera totalitaria todos sus medios de comunicación[15] con el visto bueno de los americanos? Naturalmente, el líder de la oposición prorrusa es tan títere de los rusos como Zelensky lo es de los norteamericanos, pero el golpe de mano de Zelensky/EEUU fue otra provocación directa a Rusia. Y para más inri, hace sólo dos días Zelensky ordenó la suspensión de actividades de once partidos de la oposición[16]. ¿Cómo encajan estos datos con la imagen de un paladín de la libertad de un Estado libre y democrático?

¿Qué quiere Rusia?

Aparentemente, Rusia invadió Ucrania con un objetivo militar, un objetivo territorial, un objetivo “policial” y un objetivo político. El objetivo militar era destruir la capacidad militar del ejército ucraniano, y eso lo ha logrado en pocos días. Así, goza de una casi absoluta superioridad aérea, como demuestran las estériles peticiones ucranianas de que se cree un espacio de exclusión aérea, y de una abrumadora superioridad terrestre. La ventaja inicial rusa, no obstante, se ha visto temporalmente frenada por la inesperada llegada masiva de eficaces armas ofensivas provistas por la OTAN, que han levantado la moral ucraniana: misiles tierra-aire Starstreak y Stinger, capaces de derribar aviones de combate a baja altitud, misiles anticarro NLAW y Javelin, ligeros, rápidos, operados por una o dos personas y capaces de neutralizar un carro de combate a 4 km de distancia, drones de combate turcos TB2 armados con misiles MAM, cuya eficacia quedó probada en el reciente conflicto entre Armenia y Azerbayán, y drones merodeadores kamikaze tipo Harpy isrealíes o Switchblade americanos, baratos y eficientes. Los drones son vulnerables a los avanzados sistemas rusos de guerra electrónica como el Pole-21 o las unidades móviles Krasukha, pero los misiles pueden alargar el conflicto, que es lo que pretende EEUU.

El objetivo territorial de la invasión rusa parece consistir en asegurar la independencia de la rusófila región de Donbass en Ucrania oriental y la consolidación de Crimea como parte de Rusia. De ahí la importancia de Mariupol, castigada ciudad portuaria del mar de Azov. El siguiente mapa, que habrán visto en muchos medios, resulta muy elocuente (fuente: El País):

Las posiciones rusas, en rojo, apenas han variado en semanas e indican que en la inmensa mayoría del territorio de Ucrania no hay ni un solo soldado ruso (ni lo habrá). Los medios occidentales lo atribuyen a la resistencia ucraniana dando por sentado que el objetivo ruso es la completa ocupación del país. Más allá de que anexionarse Ucrania implicaría precisamente lo que Rusia quiere evitar, esto es, tener más frontera en común con la OTAN y no un estado medianero neutral, esta teoría presenta flancos débiles.

Con 150.000 hombres el objetivo ruso difícilmente puede ser la ocupación de un país del tamaño y población de Ucrania. Para que se hagan una idea, en la Segunda Guerra Mundial la Alemania nazi reunió 1,5 millones de soldados para tomar la mitad de Polonia, y en la primera Guerra del Golfo EEUU y sus aliados reunieron cerca de 900.000 hombres para entrar en Iraq. Así, el contingente ruso estaba diseñado para destruir la capacidad de combate y, sobre todo, la voluntad de combatir del bando ucraniano y la consecución de sus otros objetivos, incluyendo objetivos territoriales limitados al Este y Sur del país donde la población simpatiza más con Rusia. Nótese que en una encuesta del 2015 sólo el 20% de los ciudadanos de Odesa apoyaba entrar en la OTAN[17]. El cerco de Kiev, en el norte, no parece tener como objetivo, por ahora, la toma de la ciudad, sino apretar la tenaza para forzar la negociación. Toda guerra es, ante todo, una confrontación de voluntades, pero este conflicto en particular no es tanto un enfrentamiento militar (perdido de antemano por Ucrania) cuanto una prueba de resistencia en la que cada bando quiere que el contrario llegue lo más debilitado posible a la inexorable negociación.

Por otro lado, parece evidente que Rusia no contaba con el apoyo europeo, que ha dado alas a Zelensky para posponer lo inevitable (aun a costa de su propia población). Rusia ha perdido la iniciativa que buscaba una rápida capitulación ucraniana, lo que no obsta para que el ejército ucraniano esté derrotado y no haya guerrilla posible en un país sin selvas ni montañas, salvo que ocupe las ciudades utilizando de facto a su población civil como escudo humano.

¿Desnazificar Ucrania?

El objetivo “policial” de la invasión consiste en la eliminación de elementos ucranianos que los rusos tildan de neonazis. De hecho, la justificación más extravagante esgrimida por Putin para invadir Ucrania – siendo Zelensky de origen judío – ha sido buscar su “desnazificación”. Esta terminología tiene un claro valor propagandístico de cara a la opinión pública rusa, pues recuerda a la Gran Guerra Patriótica (la II Guerra Mundial) cuya victoria se conmemora en Rusia como Fiesta Nacional. Sin embargo, tiene un fondo verosímil, aunque obsoleto.

Un artículo de Foreign Policy del 2014 reconocía “la incómoda verdad” de que “una parte importante del gobierno de Kiev y de los manifestantes que lo llevaron al poder son, en realidad, fascistas[18]”. Recuerden que éste fue el gobierno resultante del golpe de Estado del 2014, apoyado por EEUU, que derrocó a un presidente democráticamente elegido. Foreign Policy menciona al partido Svoboda, fundado como Partido Social-Nacional de Ucrania (“un nombre deliberadamente evocador del Partido Nacionalsocialista” o nazi), que impuso el ucraniano como única lengua de la Administración “marginalizando instantáneamente al tercio de la población de Ucrania (y el 60% de la de Crimea) que habla ruso”. Según Foreign Policy, uno de sus parlamentarios habría fundado el Centro de Investigación Política Joseph Goebbels y tildado el Holocausto de “período brillante” de la Historia[19]. La creación de milicias armadas “neonazis” (como el Batallón Azov, cuyo cuartel general es precisamente Mariupol) también ha causado preocupación en los últimos años[20] e incluso hoy en día[21]. Aunque este “neonazismo” sea hoy políticamente residual en Ucrania, quizá explique la tibia y prudente posición de Israel en este conflicto, más allá de que su verdadera preocupación sea el nuevo acuerdo nuclear con Irán (donde Rusia tiene un papel que jugar).

Finalmente, el objetivo político de la violenta invasión rusa es asegurarse definitivamente una Ucrania neutral no perteneciente a la OTAN, petición “sumamente razonable” (en palabras de un exembajador de EEUU en la URSS[22]) cuya aceptación, de haber obrado EEUU de buena fe, habría evitado el que probablemente haya sido el conflicto más evitable de la historia.

Frente a esta invasión, EEUU ha impuesto una serie de sanciones económicas sin precedentes. ¿Quiénes serán los grandes perdedores de estas sanciones, los norteamericanos o los europeos? Seguro que conocen la respuesta, que analizaremos en el siguiente artículo.

[1] Ukraine : sous-estime-t-on la puissance de l’armée russe à cause de la guerre de l’information ? (lefigaro.fr)
[2]UN human rights office reports 925 civilian deaths in Ukraine – JURIST – News
[3] President Cyril Ramaphosa: Profile (dpme.gov.za)
[4] Cyril Ramaphosa responds to Russia-Ukraine war questions in Parliament – YouTube
[5] Analysts discuss the 20-year rule of Vladimir Putin – Harvard Gazette
[6] 750 Bases in 80 Countries Is Too Many for Any Nation: Time for the US to Bring Its Troops Home | Cato Institute
[7] Opinion | What Putin Has to Say to Americans About Syria – The New York Times (nytimes.com)
[8] John Mearsheimer on why the West is principally responsible for the Ukrainian crisis | The Economist
[9] The Back Channel, by William J. Burns, Random House 2020
[10] Íbid.
[11] Macgregor: Zelensky Is No Hero, He’s A Puppet That Is Putting His Own Population At Unnecessary Risk | Video | RealClearPolitics
[12] Ukraine – Transparency.org
[13] wmr_2020.pdf (iom.int)
[14] Ukraine Corruption Concerns Stall IMF Bailout – WSJ
[15] Inside the Power Struggle Breaking up Russia and Ukraine | Time
[16] Zelensky suspends 11 Ukrainian political parties with Russian ties | The Times of Israel
[17] Why is Ukraine the West’s Fault? Featuring John Mearsheimer – YouTube
[18] Yes, There Are Bad Guys in the Ukrainian Government – Foreign Policy
[19] Ibid
[20] Commentary: Ukraine’s neo-Nazi problem | Reuters
[21] Allan Ripp: Ukraine has a Nazi problem, but Vladimir Putin’s ‘denazification’ claim for war is a lie. (nbcnews.com)
[22] I was there: NATO and the origins of the Ukraine crisis – Responsible Statecraft


Apariencia y realidad en Ucrania (II)

 Buenos dias

Segunda entrega de este soberbio analisis de la crisis que la invasión de Ucrania por parte de Rusia esta ocasionando en Europa, que deja al descubierto lo alejada que esta la opinion publica occidental de lo que realmente sucede en Ucrania y sobre todo el porque.

Una vez más volvemos a espeluznarnos ante el horror de la guerra. Sin embargo, lo que nos muestran los medios no está pensado para enseñarnos qué ocurre, sino para provocarnos reacciones emocionales inmediatas, como la compasión, el miedo, la ira y el odio. Por tanto, si queremos entender la situación debemos utilizar la razón y hacer un esfuerzo para sustraernos de esta manipulación emocional.
 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

8 de marzo de 2022

Una vez más volvemos a espeluznarnos ante el horror de la guerra. Sin embargo, lo que nos muestran los medios no está pensado para enseñarnos qué ocurre, sino para provocarnos reacciones emocionales inmediatas, como la compasión, el miedo, la ira y el odio. Por tanto, si queremos entender la situación debemos utilizar la razón y hacer un esfuerzo para sustraernos de esta manipulación emocional.

En la primera parte de este artículo trataba de analizar el drama ucraniano, de gravísimas y duraderas consecuencias, desde una perspectiva geoestratégica. A pesar de las apariencias, ésta no es una guerra entre Rusia y Ucrania, sino entre Rusia y EEUU y, en el orden global de las cosas, entre Oriente y Occidente. En esta segunda parte expondré las causas de un conflicto en el que hay más contendientes de lo que parece: unos son actores principales (Rusia y EEUU) y otros son actores secundarios o meras comparsas (UE y Ucrania).

Los actores principales

El primer actor principal es EEUU a través de la obediente OTAN, cuyos miembros siguen los dictados norteamericanos aunque perjudique sus intereses nacionales. Señalemos desde un principio que cuando hablamos de un país no nos referimos a su pueblo sino a su gobierno, que es muy diferente. Los intereses del pueblo norteamericano no tienen por qué coincidir con los intereses de un presidente impopular deseoso de crear una cortina de humo ni tampoco con los del complejo militar-industrial (más las agencias de inteligencia), de cuya amenaza creciente para la libertad nos previno el expresidente de los EEUU Eisenhower en su clarividente discurso de despedida [1]. Este Deep State tiene un conflicto de interés perverso, pues necesita de un gran enemigo para sobrevivir y no desea una Rusia fuerte aliada de Occidente. Quizá por ello Obama fue rápidamente boicoteado cuando intentó hacer incursiones militares conjuntas con Rusia en Siria y Trump fue linchado con un montaje probablemente delictivo[2] (el Russiagate).

El segundo actor principal es Rusia, el agresor. Decía el historiador griego Tucídides que hay que distinguir entre los pretextos de los conflictos y sus causas últimas. El pretexto esgrimido por Rusia para intervenir en Ucrania es el “genocidio” en la región rusófila de Ucrania oriental, una burda hipérbole de un conflicto en el que participa ella misma y que ha causado miles de muertos. Este detonante artificial ha sido el argumento para reconocer por la vía de hecho la independencia del Este de Ucrania y firmar un acuerdo de mutua protección con las dos nuevas “repúblicas” que diera una capa de barniz “legal” a su evidentemente ilegal intervención militar. Pero los objetivos reales de la intervención rusa son otros: asegurar que su estratégica base naval de Sebastopol en Crimea se mantenga en manos rusas y lograr que Ucrania se comprometa a su neutralidad renunciando a la OTAN. Algunos afirman que Rusia quiere anexionarse Ucrania. Sin embargo, ocupar Ucrania significaría precisamente lo que Rusia quiere evitar, esto es, tener más frontera en común con la OTAN y no un estado medianero neutral. Si el objetivo fuera la recuperación del Imperio, ¿por qué no empezar por Bielorrusia (Belarus), tan cercana culturalmente y gobernada por un régimen vasallo? Por último, los intereses del pueblo ruso no tienen por qué coincidir con el interés de Putin y su gobierno, que, como el de todos los yonquis del poder, es perpetuarse en el mismo.

Los actores secundarios

La UE es un actor secundario en el papel de perdedor. ¿Cuál era exactamente el conflicto entre Europa – Alemania o Francia- y Rusia? ¿Recuerdan la buena relación entre Merkel y Putin? Sin embargo, con su seguidismo e imprudencia, la UE ha sido arrastrada por EEUU a un conflicto con su principal proveedor energético abandonando la defensa de los intereses de sus propios ciudadanos. El giro radical de Alemania, pasando en 24h de la ecuanimidad a la beligerancia al vender a Ucrania precisamente las armas que más daño pueden hacer a Rusia como son los misiles tierra-aire Stinger (de infausto recuerdo para los rusos, pues modificaron el curso de la humillante guerra URSS-Afganistán) y misiles anticarro equivalentes a los Javelin norteamericanos, no sólo resulta extraño, sino que será estudiado en el futuro como un paradigma de conducta autolesiva equivalente al abandono de la energía nuclear. Quién sabe en qué manos acabarán esos misiles en un estado semi fallido como Ucrania, donde para algunas milicias quizá sean lo más parecido a un cheque al portador.

El segundo actor secundario es la propia Ucrania, el país agredido, hoy dirigido por un neófito sorprendido de que EEUU primero le animara a la pelea y más tarde le dejara colgado. Su decisión de armar a la población sin ofrecerles formación alguna equivale a mandarles a la muerte contra un ejército profesional y demuestra, en el mejor de los casos, escasa lucidez, y en el peor, estar decidido a sacrificarlos con tal de deteriorar la imagen rusa. Estos pobres ucranianos, ¿serán contados como bajas civiles o como combatientes armados? Y esas armas, ¿serán devueltas al terminar el conflicto? Dada su situación geopolítica, resulta tan evidente que el interés del pueblo ucraniano era la neutralidad y el mantenimiento de relaciones cordiales tanto con Rusia como con Occidente (como es el caso de Finlandia), que resulta inconcebible la insensatez de sus dirigentes. Una vez más, los intereses de gobernantes y gobernados no coinciden.

La OTAN alborota el avispero

Los antiguos decían que antes de juzgar una situación debe escucharse a las dos partes. Sin embargo, la Europa que tanto habla de libertad y tan poco la practica ha censurado a los medios rusos (no se sabe en virtud de qué potestad legal) imponiendo de facto un relato único que alimenta la actual persecución xenófoba de todo lo ruso. Dado que la censura es siempre un intento de ocultar la verdad, ¿qué se quiere ocultar?

Rusia viene afirmando que, tras la caída de la Unión Soviética, la OTAN le prometió de modo informal que no se expandiría hacia el Este. EEUU lo negaba, pero el periódico alemán Der Spiegel lo ha documentado hace poco de un modo que da la razón a los rusos[3]. Lo mismo defiende Jack Matlock, exembajador de EEUU en la URSS (1987-1991) y diplomático clave en las negociaciones que terminaron con la Guerra Fría. Hace pocas semanas confirmaba en un artículo que a Rusia le aseguraron “que la OTAN no se movería hacia el Este ni una pulgada[4]”. Sin embargo, en los siguientes años la OTAN se expandió hasta la misma frontera rusa con la incorporación de 14 nuevos estados miembros. George Kennan, el más respetado estratega norteamericano del s. XX y experto en Rusia, definió esta expansión de la OTAN como “el error más fatídico de la política exterior de EEUU desde el final de la Guerra Fría[5]”, y añadió: “No había ninguna razón para hacer esto. Nadie estaba amenazando a nadie[6]”. Desde entonces, Rusia ha manifestado su preocupación por sentirse “rodeada” por infraestructuras militares tan cerca de sus fronteras, pero ha sido permanentemente ignorada y la “paridad” que reclamaba (un reconocimiento mutuo de legítimas preocupaciones de seguridad) se ha encontrado con un muro de desprecio. En el siguiente mapa pueden ver la extensión de la OTAN hacia la frontera rusa desde la caída del Muro, esto es, justo cuando el riesgo de agresión rusa había desaparecido. Nótese que las últimas propuestas de incorporación han sido Ucrania y Georgia.

Según el conocido rusólogo norteamericano Stephen Cohen, “desde los 90, EEUU ha tratado a la Rusia postsoviética como una nación derrotada con inferiores derechos legítimos[7]”. El doble rasero era evidente: los americanos podían invocar razones de seguridad nacional para intervenir al otro lado del planeta pero los rusos no tenían derecho a hacerlo a un paso de sus fronteras. Además, desde la caída del Muro la OTAN ha abandonado su naturaleza disuasoria y defensiva (tan eficaz cuando jugó su extraordinario papel en la Guerra Fría) para convertirse en un ariete más de la política exterior de EEUU, participando de ofensivas militares sin aval de Naciones Unidas como cuando en 1999 bombardeó durante tres meses Serbia, aliada de Rusia. De hecho, ¿cuál es la razón de ser de la OTAN una vez caído el comunismo soviético? ¿Qué enemigo la amenaza? Y si la respuesta es Rusia, ¿entonces su supervivencia depende de que Rusia sea siempre el enemigo? En la Conferencia de Seguridad de Munich del 2007, Putin manifestó sin ambages su preocupación a los dirigentes del mundo occidental: “Debemos reflexionar seriamente sobre la arquitectura de la seguridad mundial y buscar un equilibrio razonable entre los intereses de todos[8]”. Sus palabras fueron ignoradas y un año más tarde, en su Cumbre de Bucarest, la OTAN volvió a alborotar el avispero acordando la futura incorporación de Georgia (situada entre Turquía y Rusia) y Ucrania[9], lo que propició pocos meses después la intervención de Rusia cuando una Georgia envalentonada atacó la provincia separatista de Osetia del Sur.

Las causas cercanas de la invasión

En 2014 el presidente ucraniano, democráticamente elegido en unas elecciones supervisadas por la OSCE,[10] decidió no firmar un acuerdo comercial con la UE cuya letra pequeña comprometía a adherirse a las políticas “militares y de seguridad” de la UE[11]. Lo hizo bajo presión de Rusia, cuya contraoferta incluía un amplio paquete de ayuda económica. De la noche a la mañana surgió la “Revolución del Maidan”, un golpe de Estado probablemente instigado y apoyado por EEUU, como reconoce hasta el Cato Institute[12]. El presidente ucraniano se vio obligado a huir del país y se convocaron nuevas elecciones, de las que salió un nuevo gobierno, cómo no, proamericano. Esto provocó la cronificación del conflicto civil en el Este de Ucrania y la incruenta anexión rusa de Crimea (sede de la base naval rusa de Sebastopol), lo que dio lugar a sanciones económicas occidentales que aún perduran a pesar de que, según el Prof. Mearsheimer, de la Universidad de Chicago y un referente mundial en Relaciones Internacionales, “fueron los EEUU los que provocaron esta crisis[13]”. No conviene olvidar que Crimea es rusófila, pues perteneció a Rusia desde finales del s. XVIII hasta 1954, cuando el líder soviético Kruschev decidió traspasarla a Ucrania. Y recordemos que, a pesar de ser la nación más extensa del planeta, el único acceso de Rusia a mares cálidos – sus otros dos accesos al mar son un estrecho acceso al Báltico y otro al Mar del Japón y el de Ojotsk- es a través del Mar Negro hacia el Mediterráneo, y que Sebastopol es una importantísima base naval rusa desde hace 250 años, enclave que por su importancia estratégica ya fue objeto de una guerra a mediados del s. XIX (novelada, por cierto, por el gran Tosltói).

En 2019, el gobierno ucraniano (o sea, EEUU) dio un nuevo paso hacia la provocación cuando su Parlamento modificó la Constitución sin referéndum previo para incluir el objetivo de entrar en la OTAN.

A finales del 2021 la última propuesta de Rusia para evitar un enfrentamiento fracasó de modo previsible al no atenderse ninguna de sus “líneas rojas”; probablemente no fuera más que un trámite cuando ya tenía planeada la acción militar.

Para Ucrania, la probabilidad real de acceder a la UE (por su pobreza y corrupción) y a la OTAN (por sus problemas territoriales y porque exigiría la decisión unánime de sus miembros) parece ser baja. Por ello, algunos tildan de paranoico el miedo ruso a que una Ucrania envalentonada, rearmada y en la OTAN intente retomar Crimea (y Sebastopol) arriesgándose a un conflicto entre potencias nucleares. Otros tildan las razones rusas de mera coartada para alcanzar otros objetivos. Sin embargo, habría sido fácil aceptar una moratoria de una década en nuevas adhesiones a la OTAN para comprobar la buena fe rusa. No se hizo.

Finalmente, cabe preguntarse si la incorporación de una inestable Ucrania mejoraría o empeoraría la seguridad de los actuales miembros de la OTAN. ¿Aumentaría o disminuiría el riesgo de entrar en conflicto? ¿En qué mejora la incorporación de Ucrania la seguridad de España – país, por cierto, al que la OTAN no cubre la defensa de sus ciudades fronterizas de Ceuta y Melilla, precisamente donde está más expuesta a una agresión externa? Las relaciones internacionales nunca se basan en la amistad ni en la defensa de altos ideales, sino en un quid pro quo, esto es, en el interés recíproco, salvo, claro está, cuando la relación es de sumisión. Es evidente que éste es el caso de España respecto de Europa y de Europa respecto de EEUU.

Un conflicto perfectamente evitable

Cuando el rey de Asiria conquistó Israel, reprochó al pueblo judío haber confiado ilusamente en el apoyo de Egipto, “esa caña quebrada que penetra y traspasa la mano que se apoya en ella” (Is 36, 6). De igual modo, el gobierno ucraniano se ha apoyado en la caña quebrada que es EEUU cuando el interés evidente de su país era la neutralidad a cambio de garantías recíprocas de seguridad. Mientras, el triste y crepuscular papel de la UE como lacayo de EEUU queda resumido en una frase de la ex Subsecretaria de Estado norteamericana durante una conversación del 2014 con su embajador en Ucrania, seguramente grabada y filtrada por los servicios secretos rusos: “Que se joda la UE” (sic)[14]. Los americanos viven al otro lado del Atlántico y apenas tienen relaciones comerciales con Rusia, pero Europa se ha enfrentado a su vecino y principal proveedor energético (con quien no tenía disputas) para defender los intereses de EEUU, y lo ha hecho con un frívolo ardor guerrero contrario a los intereses de sus ciudadanos, que pagarán un alto precio. Más aún, al armar a Ucrania dándole esperanzas en un conflicto donde adolece de una clara inferioridad de medios, Europa no ha hecho otra cosa que alargar la agonía del pobre pueblo ucraniano, víctima inocente de las maquinaciones norteamericanas y de la brutalidad rusa, pues Putin ha cruzado el Rubicón y no puede dar marcha atrás y China no va a permitir que Occidente gane este pulso.

Las peticiones rusas en cuanto a la neutralidad de Ucrania eran, en palabras de un insigne exembajador de los EEUU en Rusia, “sumamente razonables”, y esta crisis ha sido, según él, “evitable, predecible e intencionadamente provocada[15]”. Sin duda. EEUU ha provocado a Rusia durante años para atraerla a lo que esperan sea una costosa guerra de desgaste y Putin ha mordido el anzuelo con sus inmisericordes mandíbulas de acero. Así, cualquier juicio sobre esta guerra deberá distinguir entre la incalificable provocación norteamericana, que buscaba este conflicto, y la desproporcionada y brutal reacción rusa.

“Si soplas sobre brasas, las enciendes, y si escupes sobre ellas, las apagas, y ambas cosas salen de tu boca” (Eclo 28, 12), escribió el sabio hace 2.200 años. ¿Tan difícil era?

Apariencia y realidad en Ucrania (I)

 Buenos dias

El empresario Rafael del Pino Calvo -Sotelo ha escrito una serie de analisis sobre la invasion de Ucrania por parte de Rusia que son imprescindibles para tener una vision clara y certera de lo que sucede en Europa , de porque sucede y de lo que va a dejar como secuelas en el  entontecido continente.

Les recomiendo vivamente su lectura

https://www.fpcs.es/apariencia-y-realidad-en-ucrania-i/


Los lectores adultos que buscan la verdad y piensan por sí mismos y que pertenecen, por tanto, a una especie en vía de extinción, comprenderán enseguida que guerras locales como la que lamentablemente está teniendo lugar en Ucrania responden generalmente a complejos intereses geoestratégicos que eluden explicaciones simplistas.
 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

4 de marzo de 2022

Los lectores adultos que buscan la verdad y piensan por sí mismos y que pertenecen, por tanto, a una especie en vía de extinción, comprenderán enseguida que guerras locales como la que lamentablemente está teniendo lugar en Ucrania responden generalmente a complejos intereses geoestratégicos que eluden explicaciones simplistas. Asimismo, el establecimiento de categorías maniqueas (buenos contra malos) no suele responder a la verdad sino a la propaganda de uno u otro bando, más aún en países lejanos que pocos españoles sabrían señalar en un mapa hace un mes. ¿Se trata de un enfrentamiento entre autoritarismo y democracia y libertad –que desde luego no son sinónimos– o nos encontramos, una vez más, ante una pugna de intereses globales más o menos espurios? El escaso nivel de formación de nuestra clase periodística y su falta de apego a la verdad dificultan la obtención de información fiable para poder responder a esta pregunta.

La primera víctima de la guerra es la verdad, y el enfrentamiento indirecto entre Rusia y EEUU que ahora tiene lugar en Ucrania no es una excepción. En efecto, en todo conflicto bélico la propaganda es un arma poderosísima para lograr la victoria independientemente de la superioridad numérica, pues contribuye con factores esenciales, como son “la moral de victoria, la disciplina y el orden, el espíritu de lucha y la voluntad de vencer”, por utilizar el lenguaje de nuestras Reales Ordenanzas. Por ello siempre se debe prestar una “decidida y constante atención a la acción psicológica del enemigo”.

La propaganda bélica busca dos objetivos: despersonalizar y demonizar al adversario para que su destrucción sea considerada un bien moral (contrariamente a lo que dictaría la conciencia en circunstancias normales) y mantener siempre viva la esperanza en el triunfo final para sostener la moral alta, ocultando o minimizando las pérdidas propias y exagerando las victorias mientras se hace lo opuesto con las del enemigo (para desmoralizarlo).

Un ejemplo patente de propaganda es que en pocos días los medios han hecho pasar por bombardeos rusos imágenes de videojuegos y explosiones accidentales en China del 2015 y se han hecho eco, dándolo por bueno, de un extravagante diálogo por radio entre un supuesto navío ruso y un supuesto grupo de soldados ucranianos defensores de un islote que, negándose a la rendición, habrían sucumbido ante el bombardeo subsiguiente. El propio presidente ucraniano anunció que concedería una medalla a título póstumo a dichos “héroes”. Pero había un problema: era un bulo. Poco más tarde, tanto fuentes rusas[1] como ucranianas[2] confirmaron que los soldados no eran 13 sino 82, que se habían rendido, habían sido hecho prisioneros y serían devueltos a sus familias.

Contrariamente a lo que nos hacen creer, y sin perjuicio de la simpatía que evidentemente nos despierta el pueblo ucraniano y la natural compasión hacia quienes sufren cualquier conflicto bélico (decidido siempre por los yonquis del poder, sea en Ucrania o en Etiopía, Sudán o Yemen, es decir, no sólo donde los medios deciden poner el foco), una guerra en Ucrania debería sernos bastante ajena en todos los sentidos. Sin embargo, la unánime e incendiaria campaña de propaganda desatada por los medios, rayana en el odio xenofóbico y carente de datos o análisis desapasionados, ha provocado en la opinión pública una histeria ruso-fóbica que está yendo demasiado lejos. Tras dos años de covid pareciera que el signo de los tiempos es arrastrar del ronzal al hombre aborregado, carente de pensamiento crítico, para mantenerlo en estado permanente de neurosis. ¿Cómo sustraerse a estas reacciones emocionales en un conflicto sobre el que existe una ignorancia calamitosa? No olvidemos que España es un país de sangre caliente, proclive a sentimientos nobles y quijotescos, que admira las resistencias numantinas y defiende por defecto al débil frente al fuerte, al agredido frente al agresor. Asimismo, resulta fácil (aunque sea erróneo) identificar a la Rusia actual con la comunista Unión Soviética, cuyos tanques entraban tambour battant en Praga o Budapest para aplastar la libertad. Que el gobierno conservador húngaro -tan sañudamente denostado – tenga buenas relaciones con la actual Rusia es un indicio de que no estamos ante la misma realidad.

Intentaré arrojar un poco de luz sobre lo que está ocurriendo en Ucrania desde una perspectiva diferente, esto es, con visión geoestratégica, puesto que es fácil enredarse en los detalles y perder el contexto.

La causa remota del conflicto

La causa remota de este conflicto es la pugna por la hegemonía mundial que se libra entre la unipolaridad que quiere retener un Occidente en franca decadencia (en particular, EEUU y el mundo anglosajón) y la multipolaridad emergente que reclama Oriente, más adecuada a la realidad del s. XXI. Si Europa fue hegemónica en el s. XIX y EEUU lo fue en el s. XX, Oriente quiere ocupar su lugar en el s. XXI. En este sentido, resulta esclarecedor que en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que intentó condenar la agresión rusa, además del obvio veto ruso, China e India – casi el 40% de la población del planeta – se abstuvieron. No debemos olvidar que Rusia no invadió Ucrania hasta la clausura de los JJOO de Pekín, lo que indiciaría un cierto entendimiento con China. En esa votación, por cierto, también se abstuvo Emiratos Árabes Unidos, pequeñísimo estado que dos meses antes había abandonado a EEUU por Francia en un suculento contrato de compra de 80 cazas[3], aparentemente por negarse a aceptar las “condiciones anexas” geoestratégicas exigidas por los norteamericanos[4]. Esta anécdota pone de manifiesto el declive de la hegemonía yanqui, especialmente después de la humillante retirada de Afganistán tras 20 costosos, destructivos y estériles años.

Los partidarios de la multipolaridad quieren modificar el statu quo de un mundo diseñado tras la Segunda Guerra Mundial por unos EEUU hegemónicos que entonces contaban con una vasta superioridad militar y económica: no sólo eran la única potencia nuclear, sino que contaban, por ejemplo, con 105 portaviones operativos para proyectar su fuerza en todo el mundo, 40 de los cuales eran grandes portaviones de ataque (hoy EEUU cuenta con 11 portaviones nucleares, diez de la clase Nimitz y uno de la nueva clase Gerald Ford). Por otro lado, si bien el PIB de los EEUU era el 40% del PIB mundial en 1960 hoy es sólo el 24%.

Asimismo, los partidarios de la multipolaridad contemplan con estupor y creciente resentimiento el doble rasero de Occidente. Por ejemplo, los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por la invasión rusa en Ucrania (que según Naciones Unidas ha causado hasta ahora al menos 227 civiles muertos[5]) causaron cerca de 70.000 muertes civiles en Afganistán[6] y 200.000 en Irak[7]. ¿Acaso la vida humana tiene distinto valor en función del color de la piel, la religión o la nacionalidad? Fuentes ucranianas nos muestran una foto con escombros y un oportuno oso de peluche y, sin mayores verificaciones, se da por hecho que Rusia ha matado niños en un bombardeo, pero ¿dónde estaba la crítica de la prensa occidental cuando EEUU tuvo que reconocer haber matado con un misil a 7 niños y 3 civiles el último día de su retirada de Afganistán por confundir su coche con el de unos terroristas[8]? De igual forma, quienes critican con toda razón que la temporal invasión rusa rompe flagrantemente con la legalidad internacional han violado tantas veces esa misma legalidad en las últimas décadas que el argumento produce sonrojo a cualquiera que posea un mínimo de objetividad. Así, los rusos no olvidan el sistemático bombardeo en 1999 de su aliado Serbia por parte de la OTAN sin declaración de guerra ni mandato de Naciones Unidas. Cayeron misiles y bombas durante 78 días seguidos, destruyendo la infraestructura del país y causando 500 civiles muertos[9]. ¿Qué hizo la prensa occidental sino aplaudir?

Este doble rasero, considerado por Oriente como un ejercicio de hipocresía y cinismo, desacredita y socava la autoridad moral de Occidente. ¿Dónde quedan los valores de los que un día fuimos cuna y valladar? ¿Cómo criticar a regímenes autoritarios cuando con la epidemia hemos aplicado en Europa políticas autoritarias y en ocasiones ilegales que no se distinguen en nada de las de aquéllos? La política norteamericana defensora del “excepcionalismo”, base del doble rasero occidental, fue definida por las arrogantes palabras de la ex Secretaria de Estado de EEUU Madeleine Albright: “Si tenemos que usar la fuerza, es porque somos Estados Unidos: somos la nación indispensable, nos mantenemos orgullosos y vemos más allá que otros países[10]”. Así, lo más inquietante es que, al romper con impudor las reglas internacionales cuyo cumplimiento escrupuloso exige a los demás, Occidente, liderado por EEUU, está fomentando un mundo sin reglas para nadie, y por tanto mucho más inseguro, como estamos viendo.

Ucrania

A Ucrania no le han tocado buenas cartas. Emparedada entre Rusia y Europa (como Mongolia lo está entre Rusia y China), es un peón en manos de EEUU, de Rusia y de su propia y corrupta clase dirigente, cuyos intereses muchas veces divergen de los del pueblo ucraniano. Ucrania es un país pobre y corrupto: su PIB per cápita es inferior al de Botswana y Transparencia Internacional lo sitúa en el puesto 122 del mundo en su Corruption Index, cerca de México (España ocupa el puesto 34). Para que se hagan una idea, en 2021 el 23% de los ciudadanos tuvieron que pagar una “mordida” a funcionarios para acceder a servicios públicos[11]. La preocupación por la existencia de “deficiencias en el marco jurídico, corrupción generalizada y grandes partes de la economía dominadas por empresas estatales ineficientes o por oligarcas” (en palabras del propio Fondo Monetario Internacional) justifica las reticencias a su acceso a la UE y ha provocado que el FMI paralizara en el pasado el envío de ayudas financieras, entre otros motivos por las amistades peligrosas del actual presidente, como destacaba el Wall Street Journal[12] antes de que Zelensky fuera declarado santo subito por la prensa occidental. Ucrania tiene realidades difíciles de comprender para un europeo. Un ejemplo anecdótico son las peleas a puñetazos entre parlamentarios (en el propio Parlamento), que el Washington Post calificaba de “tradición” [13]. Otro ejemplo es el modo surrealista en que Zelensky accedió al poder. Actor protagonista de una serie cómica de enorme éxito en Ucrania, su personaje encarnaba a un profesor que era sorpresivamente elegido presidente del país para combatir la corrupción. Pues bien, Zelensky supo aprovechar su popularidad, creó un partido con el mismo nombre que la serie (“Servidor del Pueblo”) y consiguió en tres meses de campaña virtual arrasar en las elecciones. Los ucranianos votaron al actor creyendo que haría lo que hacía el personaje que encarnaba, más o menos como si el Servicio Secreto británico contratara como agente de campo a Roger Moore o a Daniel Craig (el actual 007) o como si la CIA contratara a Tom Cruise por Misión Imposible. En mi opinión, esto simboliza un país a la deriva y un pueblo desesperado por la corrupción imperante y deseoso de encontrar un mesías.

Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación bélica? Cui prodest scelus, is fecit”, decía Séneca, esto es: “A quien un crimen aprovecha, ése lo cometió”. ¿Quién se beneficia de esta guerra? En la segunda parte de este artículo analizaremos quiénes son los contendientes, cómo se llegó a esta situación y qué salida puede tener. Como comprobarán, el escenario es mucho más complejo de lo que parece.


domingo, 26 de septiembre de 2021

La verdad historica corrompida

 Buenas tardes

De nuevo la censura se ceba en los artículos que no son del agrado del que tiene la tijera o del que ordena al de la tijera que corte.

Este comentario mio que responde a un excelente articulo de Gonzalo Fernandezde la Mora en el Correo de España ha sido repetidamente borrado y no consigo encontrar el motivo por el que la censura que se ejerce en nombre de la libertad en Internet lo ha considerado fuera de las normas que rigen en vaya Vd a saber que ignoto lugar.

Como creo que las gentes( que no los "ciudadanos") tiene derecho a leerlo lo cuelgo en el Blog para que todo aquel que desee leerlo pueda hacerlo al margen de las libertades democráticas que ordenan censurar  y corromper.



 https://elcorreodeespana.com/politica/508982022/Franco-y-Vox-Por-Gonzalo-Fernandez-de-la-Mora.html

La verdad histórica esta siendo perseguida de forma legal por los herederos políticos de los que llevaron a España a la guerra civil y encima la perdieron.

La historia que intentan colar estos supuestos demócratas es tan falaz que ni aun con un ley que la proteja sirve para nada, aun así es la que se va a imponer ya que la gente no esta por la labor de recibir palos por defender la memoria del único español que peleo de firme por España y los españoles durante toda su vida.

Enumerar todas las mentiras que los supuestos historiadores están enchufandole sin anestesia al español medio daría para escribir mas volúmenes que tiene la RAE y de la Historia juntas, en cualquier caso si han hecho una ley que censura todo lo que ellos saben que es cierto es porque con todo el dinero que han invertido para cebar la falacia, con toda la enorme propaganda que han dedicado a contrarrestar la verdad histórica( que la hay) NO lo han conseguido, en cuanto sale un libro nuevo con la verdad por delante la gente lo compra rápidamente y lo lee(cosa esta importante) y lo presta y lo relee.

Esa maldita cretinez que se ha impuesto según la cual el historiador es el interprete de la historia es de delito, un estúpido que no tiene mas bagaje cultural que el que le otorgan sus camaradas, ver por ejemplo al retra de Viñas o al mangante intelectual de Preston, no puede ser.



Una pila de infames botarates que en nombre de no se que teoría política-intelectual rectifican los hechos acaecidos, les dan un sesgo totalmente sectario y después lo ponen como historia real es sencillamente infumable.

Pero lo realmente increíble es que esos personajillos, amparados en no se que derecho censuran al resto en nombre de la libertad y cortan el fluido intelectual que da una visión exacta de lo acontecido porque la historia sin manipular, nada tiene que ver con lo que impone el estado.

Alfonso XIII llevaba aguantando tarascadas e intentos de golpes de estado prácticamente desde que llego al Trono y todos los intentos de asesinato contra su real persona y los golpes de estado vinieron, en todos los casos, de la izquierda, esa misma izquierda que ahora deforma la verdad y como la deformación no funciona hacen una ley para impedir que nadie pueda escribir, hablar o estudiar lo que sucedió en España desde 1931 a 1977  .

Al Rey no lo expulso del Trono el pueblo español y no lo echo la democracia , lo echaron sus propios consejeros, empezando por los  los Romanones y Berenguer y terminando por el jefe de la Fuerza publica y la Guardia Civil general Sanjurjo que se la tenia guardad por el borboneo que Alfonso XIII le dio a Primo de Rivera.

La II república fue destruida por la izquierda que llevo a los españoles a la guerra civil tras pegar el gran pucherazo en las elecciones del 36 y asesinar a Calvo Sotelo para obligar a las fuerzas patriotas españolas salir y dar la cara, pensando que los arrasarían de una vez por todas.

La guerra civil que ellos, los de izquierda provocaron a partir de 1934, la perdieron por inútiles, asesinos y "grandes revolucionarios", o lo que es lo mismo una chusma de increíbles bandidos que se dedicaron a matarse como fieras en retaguardia mientras robaban el Estado.

Y Perdieron la Paz porque el general que los venció en la Guerra, el caudillo invicto que los echo de España, hizo magníficamente bien su trabajo tras la contienda, serenos los ánimos, creo una sociedad nueva llena de fuerza que impulso la nueva España salida de la guerra y dio a España 40 años de paz que fueron los que los españoles necesitaron para hacer  esa nueva España que se puso en la 8ª potencia industrial del mundo.

                                     Dos desvergonzados e inútiles al servicio de la mentira



Esa España que ahora esta a punto de ser destruida por los mismos canallas de siempre, esos que hacen leyes de censura y violación intelectual para que nadie les recuerde lo canallas que llevan siendo desde hace mas de 100 años



martes, 20 de julio de 2021

Nota de prensa de la FNFF ante la aprobación de la Ley de Memoria Democrática - 20 de julio de 2021

 Buenos días

La España "democrática" está muriendo a manos del Psoe y el PP que en un mano a mano sin precedentes han destrozado España como unidad nacional y que ahora, con la nueva Ley de la Memoria democrática, democrática al mejor estilo de las Repúblicas soviéticas, que se autotitulaban Repúblicas populares democráticas, hundieron en la catástrofe más abyecta a  la mitad de Europa quieren cambiar la historia España para conseguir, apoyados en esa historia revanchista y falsa, cambiar España para llevarla a la III Republica, que sera tan nefasta como fueron las dos anteriores.

Para conseguir ese fin llevan 40 años gastando ingentes cantidades del dinero de todos los españoles sin conseguir nada, cada vez que se inventaban un  rollo histórico los historiadores no pagados por ese dinero al que aludo publicaban un par de libros, que se vendían y se venden como rosquillas, que desbarataban la mentira histórica ideada con todo el trabajo del mundo, de manera que era trabajo echado a perder, su cambio de la Historia no avanzaba nada y los españoles seguían sabiendo que los rojos fueron unos asesinos y los nacionales los que evitaron que los rojos se cargaran España. 

Los españoles del siglo XXI seguían sabiendo quienes eran los asesinos del Frente Popular, mejunje político similar al que da apoyo a Sánchez y quienes eran los perseguidos que se tiraron a un Alzamiento patriótico para defender la religión, la libertad y a España  y naturalmente sabiendo eso nos los metías tú por el carril que lleva a España a una nueva y nefasta Republica de ninguna manera

Usando al Caudillo como símbolo de los para ellos" negros años del franquismo" y para el 90% de los españoles como la mejor época de España en los últimos 250 años intentaron crear un ideario que consiguiera destruir la imagen del benefactor Francisco Franco para de esa manera conseguir lo que llevan intentando conseguir desde hace 80 años, ganar la guerra del 1936 y la paz de entre 1939 y 1975, al no conseguirlo y ya desesperados se han inventado una ley revanchista y a todas luces ilegítima con el único propósito de conseguir lo que hasta ahora no han conseguido, destruir la imagen de Franco y meter en la cárcel a todo aquel que recuerde lo bien que lo hizo.

Una ley que va a meter en prisión a todo aquel que habla bien del Caudillo, que recuerde sus grandes obras o que escriba historia de la de verdad.

La Fundación Nacional Francisco Franco ha emitido un comunicado que debe ser leído por todo aquel amante de España y su libertad que no quiera someterse a esta ley inicua que cercena la mitad de los artículos de la Constitución Española de 1978.


                                    FUNDACION NACIONAL FRANCISCO FRANCO


General de División Jefe de la Infanteria Española y Presidente de la FFNN Juan Chicharo 


Aprobado, en el día de hoy, en Consejo de Ministros, el proyecto de Ley denominado “ley de Memoria Democrática”, nuevo oxímoron que refuerza el totalitarismo de la anterior, mal llamada histórica, de Zapatero. Ambas pretenden adoctrinar a la juventud, dividir a los españoles y acabar con la Jefatura del Estado. La presente va más allá al pretender la ilegalización de la Fundación Nacional Francisco Franco, penalizando cualquier idea, por fundamentada que sea, contraria al oficialismo historicista del sanchismo/separatista. Nuestro posicionamiento, desde el inicio, lo resumimos en esta nota.

Una ley, no es de obligado cumplimiento al aprobarse por una mayoría parlamentaria, sí ésta se opone a la Constitución, norma de rango superior y fuente de derechos del resto del ordenamiento jurídico. Una ley, no es democrática por el mero hecho de dictarla un parlamento elegido por sufragio universal. La memoria colectiva no existe, sino es en la impostada formulación teórica del adoctrinamiento comunista. Nos amparamos, frente a la nueva norma, en la creencia de vivir en “un estado de derecho” fundamentado en su art. 1 CE, que consagra: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores … la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Por ello nuestra defensa debe concernir a cuantos quieran defender esos principios, cualquiera que sea su idea o condición. Del rey abajo, todos. Con más razón los magistrados de las más altas instancias judiciales.

Ya advertimos, en su momento, que la llamada Ley de Memoria Histórica tenía difícil encaje constitucional, por no estar orientada al bien común y los intereses generales de los españoles, sólo a una parte de los mismos, en clara arbitrariedad y revanchismo. Legitimadora de “una verdad histórica”, sólo permite un relato falseado de la II Republicala Guerra Civil y el Gobierno de Franco, de donde parte el actual sistema, “de la Ley a la Ley”. Con la vigencia de esa Ley, inconcebiblemente no derogada por el PP, se ha permitido el destrozo de la convivencia, la cultura, la historia y la cohesión de un pueblo, obligado a una permanente guerra civil y al que se priva de saber de donde viene, para comprender a donde quiere ir.

En la Fundación Nacional Francisco Franco, no encontrarán los promotores de la ilegítima, por inconstitucional, Ley, ni servidumbre, ni sumisión voluntaria. La magnitud de un hombre viene avalada por su destino. Por ello, nadie podrá borrar la enorme trascendencia de Francisco Franco y su época, tanto por lo que evitó, como en los logros conseguidos. El aquelarre antifranquista instalado en España, odia cuanto ignora. Nos saben y quieren ignorantes. Fingen desconocer que Franco industrializó España, la transformó, en solo cuarenta años, sin ayuda exterior, y obtuvo una enorme adhesión popular, muy superior a todos los partidos actuales, hasta su muerte, en una cama de hospital de la Seguridad Social, por él creado.

El “pensamiento mítico y distópico” de los promotores de ésta nueva Ley, consiste en creer que le han ganado la guerra a Franco y a todo lo que consideren derecha, con ochenta años de retraso, mientras montan chiringuitos para colocar a sus memorialistas orwellianos. El triunfo de la demonización de Franco y la destrucción de su obra, es la mayor garantía de que la izquierda y separatistas volverán a repetir la nefasta experiencia de la II República.

Por muy duro y perjudicial que nos resulte defender la verdad histórica y el legado de Francisco Franco, lo haremos. Desde el rigor histórico, defendemos la verdad de unos hechos, de una época irrepetible que debe ser respetada, sino venerada. Una época de progreso y unión donde no hubo otra misión que la de ganar el futuro para todos los españoles, evitando la repetición de los errores pasados.

De nosotros, de la sociedad civil y de quienes son actores fundamentales de la vida política depende, el que se mantengan estas leyes liberticidas. Los promotores sólo desean borrar la huella histórica que acredite lo cerca que estuvo España del genocidio de clase y del comunismo. También enmascarar la responsabilidad del PSOE de Largo Caballero, Indalecio Prieto, Negrín, así como Companys y sus seguidores. Seguiremos en franca oposición al despotismo cesarista y al gobierno de enchufados en los cientos de chiringuitos creados a costa de la memoria histórica, que algún día tendrán que rendir cuentas.

 

martes, 11 de mayo de 2021

Las ramas no dejan ver el bosque-General Chicharro

 Buenos dias

Un articulo magnifico del general de Division de Infanteria de Marina en la reserva Juan Chicharro ha llamado poderosamente mi atencion prque en el, de forma sucinta y clara, nos recuerda lo que es y debe seguir siendo España y que en nuestras manos esta el conseguirlo



https://elcorreodeespana.com/opinion/301153371/Las-ramas-no-dejan-ver-el-bosque-Por-el-General-Chicharro.html

 Las ramas no dejan ver el bosque. Reina un ambiente de optimismo general en el ambiente político como consecuencia de la indubitable victoria electoral de la Sra Ayuso en las recientes elecciones en Madrid . Si bien es cierto que esto ha dado un halo de esperanza a la posibilidad del fin de la hegemonía social comunista en España no es menos cierto que la fractura territorial presente es muy grave. Vean si no lo que sucede en Cataluña, Navarra, Baleares, en las otrora denominadas provincias vascongadas e incluso ya casi hasta en Galicia.  Todo esto me lleva hoy a una reflexión siquiera sea parcial y retrospectiva sobre cuánto ha acaecido en España en esos últimos 40 años.



Dicen que la cultura es lo que a uno le queda después de haberse olvidado de cuánto ha estudiado, y aprendido antes, y es conforme a este sentido con el que emprendo la tarea de escribir estas líneas; es decir, escribo sin ahondar en datos sino en percepciones personales.

Tomo como punto de partida el año 1975, año de la muerte del Generalísimo Franco y comienzo del fin del régimen político que su persona mantenía. Por aquel entonces yo era un joven teniente recién egresado de la Escuela Naval Militar y hoy, un veterano soldado, a la sazón General retirado. Mucho han cambiado las cosas desde entonces y la sociedad ha evolucionado a una velocidad de vértigo, especialmente en los últimos años, como consecuencia, sobre todo, de la influencia de los avances en la tecnología y desde luego de la mejora de la calidad de vida.

En 1975 todavía se sentían los efectos de la pasada guerra civil pues, guste o no reconocerlo, el régimen político imperante derivaba del construido por los vencedores en aquella contienda y si bien gran parte de la sociedad española se sentía cómoda con ese sistema político, como consecuencia del estado de bienestar social alcanzado, no es menos cierto que existía un anhelo de identificación con los postulados de los países denominados democracias occidentales, y a los que España estaba abocada a unir su destino so pena de quedarse aislada del concierto internacional. Esto es tan obvio que no necesita mayor explicación. De ahí que no puedo objetar que resultara imprescindible cuantas medidas se tomaron en lo que se denominó la transición política y que culminaron con la Constitución española, aún vigente. Una Constitución que siendo de consenso, o precisamente por ello, aún perdura y que hoy algunos pretenden reformar rompiendo la entente cordial que entonces se estableció, lo que entraña el riesgo de despertar de nuevo a las dos Españas enfrentadas durante siglos. Y es que por desgracia vuelven a aparecer los mismos fantasmas decimonónicos: un sistema democrático viciado, y abocado a una partitocracia, en la que los intereses particulares de los partidos ( y sobretodo los de aquellos que los sostienen económicamente ) se anteponen a los superiores de la nación y de otra parte - formando parte de lo mismo - la ruptura creciente de la integración nacional como consecuencia de la creación de lo que se denomina el Estado de las Autonomías , una situación ridícula, cuando no esperpéntica, si nos atenemos a lo que vemos todos los días y que supone un despilfarro económico sin precedentes como si fuéramos un país rico. Ahora estamos cerca de nuevo de la situación cantonal de finales del XIX o a la más lejana, pero también similar, de los reinos de taifas de la España musulmana. Basta con ver el caos presente en relación con las gestiones de la pandemia y no digamos con la derivada de la finalización del Estado de Alarma.

Pero volvamos a 1975, año en el que se produjo la retirada española del Sahara. Una retirada que supuso una indignidad nacional por la forma en que se produjo. Una situación propiciada por políticos mediocres quienes por tomar posiciones ante lo que se avecinaba no dudaron en poner en entredicho el honor de España (esto les traía sin cuidado) y el de su ejército. No tengo la menor duda de que el Sáhara, otrora español, habría alcanzado su independencia con el tiempo y que hubiera llegado a ser un Estado próspero estrechamente ligado a España con beneficios para ambos, pero la ambición de Marruecos así como la traición de algunos líderes saharauis lo impidió. Todos sabemos cómo acabó aquello. Si alguien, entonces, hubiera tomado las riendas del poder con energía, las amenazas del Sultán marroquí hubieran quedado en agua de borrajas pues nuestras FAS, llegado el caso, hubieran puesto en su sitio al Moro, incluso sin necesidad de guerra, pero de haberla habido también se le habría derrotado estrepitosamente. Lo malo que sucedió entonces es que la única persona con fuerza, honor y energía para liderar aquella contienda estaba al borde de la muerte. El Moro jamás se habría enfrentado a Franco. Y sin su liderazgo abandonamos el Sahara de forma ignominiosa.

Y entonces vinieron años duros por el golpe continuo de atentados terroristas de ETA contra todo, y contra todos, buscando no sólo debilitar al Estado sino ,y sobretodo, destruir España. Hoy casi nos hemos olvidado de aquellos aciagos días cuando, por ejemplo, recuerdo salir de mi casa acompañando a mi padre, arma en mano, mirando para todas partes por lo que pudiera venir ( en la casa de mis padres ETA ya había asesinado a dos Ttes.Coroneles). Y, ¿cuántos conocidos nos quitaron esos asesinos criminales? No es de extrañar que más tarde o más temprano surgieran hechos como los del 23 de febrero de 1981, sucesos en los que no voy a entrar entre otras razones para no divagar, pues este acontecimiento se une, en mi opinión, a los del 11 M o al del asesinato del Almte. Carrero Blanco, años antes, en el sentido de que es curioso que los tres sucedidos más significativos del último medio siglo en España sigan sin tener explicaciones convincentes. Siguen los tres envueltos en un gran misterio pues, digan lo que digan, y se haya dictaminado lo que se quiera, yo sigo sin estar convencido de quienes fueron los autores "intelectuales" en cualquiera de los tres casos.

El 23F supuso un antes y un después para las FAS que desde entonces han estado sometidas, ley tras ley, a una minoración de su representación institucional con la clara intención de desviarlas de su misión fundamental, como tal prefigura la propia Constitución española en su Tratado Preliminar. La influencia política en el seno de las FAS puede tener significado a la hora de la elección de sus mandos superiores, es decir de sus Generales, pero es que, hoy, la selección o elección de sus mandos comienza incluso en los tempranos empleos de Comandante con la consiguiente ruptura e incidencia en el compañerismo y en la propia disciplina. Largo sería extenderme en explicaciones al respecto pero si alguien quiere de verdad saber o conocer qué es lo que ha pasado en nuestras FAS en los últimos 35 años le aconsejo la lectura del libro del que fuera Ministro de Defensa, Narcis Serra, " la transición militar". Allí encontrará la claves del devenir de como, y tal como decía antes, ley tras ley, se han transformado los ejércitos en lo que son hoy. Unos ejércitos ya cuasi ocupacionales, tal que si fueran bomberos o  policías municipales, lejos de su responsabilidad institucional, la de la defensa de los valores permanentes de la Patria que es la misión que le encomienda el Art. 8 de la Constitución. ¿O no?

La prudencia es virtud del gobernante pero la inoperancia no lo es, y, hoy, cuando vemos cuanto sucede en Cataluña a uno le entran temores fundados de que lo peor puede estar por venir si no se ponen los medios para impedir tanto desatino. Y, lo siento, las FAS no pueden permanecer ajenas al peligro de desmembramiento de nuestra Patria. Y no pueden estarlo simplemente porque se lo ordena la Constitución por la que se rigen. Por eso, y  como dijera Clausewitz, "la guerra es la continuación de la Política, y por tanto, es el Ejército el que mantiene la política cuando fallan los medios pacíficos", es decir, al Ejército corresponde la guardia de aquellas constantes históricas de un país, al servicio de las cuales se halla la gestión política. Es esto lo que con distintas palabras proclama nuestra actual Constitución en su articulo 8. Pienso honradamente que en la actualidad las FAS cumplen escrupulosamente con su mandato constitucional y están en el sitio que les corresponde lo que no obsta para que aquellos que tienen como objetivo romper la unidad de nuestra Patria sean conscientes de que nunca lo conseguirán.

Sí, sé que estamos en el año 2021 y que hoy las circunstancias no son las mismas que las de los años 30 del siglo pasado, por la sencilla razón de que la sociedad ha evolucionado mucho, pero los valores que conformaron nuestra Patria siguen vigentes.

Por eso, pese a la distancia en el tiempo, y a que hay que ubicarlas en su contexto histórico,  cobran valor las palabras que en su día pronunció José Antonio Primo de Rivera:

"el Ejército es, ante todo, la salvaguardia de lo permanente; pero no debe mezclarse en luchas accidentales. Pero cuando es lo permanente lo que peligra,  cuando está en juego la misma permanencia de la patria (que puede, por ejemplo, si las cosas van de cierto modo, incluso perder su unidad), el Ejército no tiene más remedio que deliberar y elegir. Si se abstiene, por una interpretación puramente externa de su deber, se expone a encontrarse de la noche a la mañana sin nada a que servir. En presencia de los hundimientos sucesivos, el Ejército no puede servir a lo permanente más que de una manera: recobrándolo con sus propias manos". Y en otro lugar añadía: "¿Habrá todavía entre nosotros quien proclame la indiferencia de los militares por la política? Esto pudo y debió decirse cuando la política se desarrollaba entre partidos. No era la espada militar la llamada a decidir sus pugnas, por otra parte, hasta mediocres. Pero hoy está en litigio la existencia misma de España como entidad y como unidad. Cuando lo permanente peligra, ya no tenéis derecho a ser neutrales. El que España siga siendo depende de vosotros. El enemigo, cada día, gana unos cuantos pasos. Cuidad de que al llegar el momento inaplazable no estéis paralizados por la insidiosa red que alrededor se os teje”.

Y es que uno tiene la impresión, por todo cuanto ve y oye, que la insidiosa red, a la que se refería José Antonio, sigue tejiéndose ante la pasividad pasmosa de tantos. Cuando el Estado pierde el sentido de su misión,  cuando deja de creer en la filosofía política que le dio nacimiento y fuerza, empieza a adquirir un complejo de inferioridad, inicia una etapa de disimulo, utiliza un idioma contradictorio y débil, abdicante y enfermizo, deja que las fuerzas secesionistas  se envalentonen y avancen, pululen y brujuleen.

 Ya he dicho que cuanto escribo no es sino una reflexión personal y evidentemente subjetiva o parcial. Reconozco que a muchos todo cuanto digo le pueden parecer ideas trasnochadas y fuera de tiempo o época; y es que vivimos tiempos en los que el relativismo moral se ha adueñado de todo y donde los valores permanentes que han constituido referencia moral para muchos hombres y mujeres de mi generación se encuentran en clara crisis. A pesar de todo, mantengo un optimismo creciente  cuando veo a muchos de nuestros  jóvenes, y entre ellos  a los que mandan nuestras unidades militares, manteniendo enhiesta la Bandera con la misma dedicación y desvelo que sus mayores y es que, pese a tanta medida conducente a que esto no fuera así, va a ser cierto que puede más el ejemplo de padres y abuelos.

Han pasado ya 45 años de la muerte de quien fuera Jefe del Estado y Generalísimo de los ejércitos, Francisco Franco, y, hoy, vilipendiada su figura por grandes sectores sociales, incluso por aquellas personas , instituciones o grupos que le debían su supervivencia, con una actitud cobarde y vil, cobran relieve sus palabras respecto a las FAS cuando dijo aquello de que " la máquina se deshace pero la obra queda ".